Los obispos reconocen un «renacer de la fe cristiana» en España pero alertan del riesgo de reducirla a «emotivismo»

La Comisión de Doctrina de la Fe de la Conferencia Episcopal advierte de los posibles «abusos espirituales» que puedan darse en nuevas realidades eclesiales y pide evitar la «arbitrariedad» en la liturgia y en las adoraciones al Santísimo.

La pujanza de los nuevos movimientos eclesiales que, en obediencia a lo que perciben como soplo del Espíritu y con un lenguaje desacomplejado y fiel a la tradición evangelizadora de la Iglesia, han transformado la realidad sociológica de España, ha merecido la atención de la Conferencia Episcopal Española, que acaba de publicar la Nota doctrinal Cor ad cor loquitur (el corazón habla al corazón), refiriéndose a ellos.

Se trata de un documento elaborado por la Comisión para la Doctrina de la Fe de la CEE, «sobre el papel de las emociones en el acto de la fe». Y en ella, los obispos evidencian cómo «en los últimos años se aprecian signos que indican un renacer de la fe cristiana, especialmente entre los jóvenes españoles de la llamada ‘generación Z’».

Un renacer que, sin embargo, no está exento de peligros, especialmente, según la CEE, «el riesgo de un reduccionismo ‘emotivista’ de la fe, que lleva a muchas personas a convertirse en consumidores de experiencias de impacto y buscadores insaciables de la complacencia del sentimiento espiritual».

Sin citar ningún movimiento ni diócesis

En la Nota, los obispos evitan citar de forma explícita a ningún movimiento concreto. Algo no frecuente en las publicaciones de Doctrina de la Fe, que tiende a corregir de forma concreta a aquellos autores o movimientos que se desvían de la recta ortodoxia eclesial, precisamente para evitar que la «sombra de la sospecha» pueda recaer en quien no debe y salvaguardar la fe de los fieles.

No obstante, los obispos parecen estar refiriéndose a nuevos métodos que generan una enorme atracción, como los empleados por realidades como Hakuna, Effetá, Emaús, Alpha o los grupos de la Renovación Carismática. Sin embargo, en los eventos y encuentros de ese tipo de realidades se aprecian unas formas casi idénticas –aunque, eso sí, con muy diferente afluencia de público–, a las que han empleado las propias diócesis españolas en eventos como Betel, que lleva a cabo la archidiócesis de Barcelona, el WoW Fest que organizaron de forma conjunta las diócesis de Madrid, Getafe y Alcalá, el Madrid Live Meeting que llevó a cabo la archidiócesis madrileña en 2024, o la PEJ 2022 que se celebró en Santiago de Compostela, organizada por la propia Conferencia Episcopal.

El peligro del «abuso espiritual»

Sea como fuere, y bien se refieran a realidades no diocesanas, bien sea una autocrítica hacia sus propios métodos pastorales, como explican los prelados que integran la Comisión de Doctrina de la Fe, el excesivo peso del lenguaje emotivo en las expresiones de la fe puede alejar del verdadero encuentro con Cristo, y derivar en un «bombardeo emocional», que puede «llegar a considerarse una forma de ‘abuso espiritual’».

E incluso detallan cómo este tipo de «abusos espirituales» pueden incurrir en formas de «presión emocional del grupo», para que «los individuos se vean obligados a sentir lo mismo que los demás, para no automarginarse de la experiencia».

También piden estar especialmente alerta para evitar que haya grupos de naturaleza sectaria, ajenos a la verdadera vida de la Iglesia, que se sirvan de «la utilización de falsas experiencias sobrenaturales o místicas, que desvirtúan una auténtica visión de Dios, como medios para ejercer dominio sobre las conciencias, anulando la autonomía de las personas, o para cometer otro tipo de abusos, lo que debe ser considerado de especial gravedad moral».

«Abusos litúrgicos» y uso del Santísimo

De forma especialmente prolija con respecto al resto de puntos de la Nota, los obispos llaman la atención sobre los posibles «abusos litúrgicos», sobre todo en el contexto de la adoración eucarística.

«Las iniciativas de evangelización han de cuidar de no fomentar una oración ‘espiritualista’ desencarnada o unas celebraciones litúrgicas intimistas y efectistas», explican. Y alertan de que «se corre el peligro de reducir la liturgia a un mero ‘devocionalismo’ que potencia el subjetivismo sentimental frente a lo comunitario, objetivo y sacramental».

De nuevo sin citar realidades concretas que puedan ser identificadas por los fieles, los obispos alzan la voz para denunciar genéricamente cómo «en algunos ambientes se detecta un recurso excesivo a elementos de tipo emotivo, incluyendo prácticas de culto a la Eucaristía fuera de la misa que desvirtúan y descontextualizan el sentido propio de la adoración al Santísimo Sacramento».

Y señalan cómo «el sentido netamente eclesial de la adoración eucarística implica el respeto y la fidelidad a las normas litúrgicas, que evitará el subjetivismo y la arbitrariedad de formas del culto eucarístico así como el uso de elementos extraños a lo dispuesto en el Ritual».

La creatividad del Espíritu

Al más puro estilo de la parábola evangélica del trigo y la cizaña, y también en consonancia con las palabras del Papa Francisco que decía preferir «una Iglesia accidentada a una Iglesia enferma por no moverse», los obispos destacan que este tipo de riesgos se producen, precisamente, por el reverdecer de la fe en nuestro país.

Un reavivamiento, además, que no parte –según asegura la Nota de la CEE– de ningún tipo de audacia eclesial o episcopal, sino de la propia acción de Dios: «La Iglesia valora la creatividad de las diversas iniciativas de primer anuncio que el Espíritu Santo ha suscitado en muchos movimientos y asociaciones eclesiales para facilitar a tantas personas el encuentro con Cristo o la revitalización de su fe», aclaran.

Y ponen en valor cómo «estos nuevos métodos o herramientas de evangelización representan un soplo de aire fresco para la Iglesia, que, como Madre, vuelve una y otra vez a ‘ponerse en camino para rescatar a los hombres del desierto y conducirlos al lugar de la vida, hacia la amistad con el Hijo de Dios, hacia aquel que nos da la vida, y la vida en plenitud’», apunta la Nota.

Llamar a la conversión, no a la emoción

Los obispos también destacan la importancia de que los llamados «encuentros de impacto», así como cualquier otro tipo de acción evangelizadora, no se limiten a «acompañar» a la persona dejándola en su misma situación vital, ni a generar emociones, sino que deben proponer una llamada real a la conversión de vida.

«En todos estos métodos –señala el documento–, en mayor o menor grado, tienen un peso importante las emociones y los sentimientos, que provocan un primer ‘impacto’ en la persona y conducen a la conversión y a la adhesión a Cristo». Sin embargo, «a ello le ha de seguir la configuración de la vida de los cristianos con el Señor, el discipulado en la Iglesia y al apostolado como testigos de Cristo muerto y resucitado en medio del mundo», indican.

Porque «el anuncio de Cristo no busca de modo directo provocar sentimientos, sino testimoniar un acontecimiento que ha transformado la historia y es capaz de transformar la existencia de todo ser humano ocupando el centro de su vida», indica la Nota.

Años volcados en lo social y lo teórico

Los obispos también reconocen que este «vuelco emotivista» que perciben en los jóvenes puede haberse producido como resultado de la desatención a la vida espiritual que se ha dado en las décadas anteriores, y en las que el discurso eclesial se centraba, sobre todo, en la acción solidaria y en la reflexión teórica.

«En determinados momentos de la historia de la Iglesia –reconocen– la balanza se ha inclinado hacia el asentimiento intelectual a unas verdades reveladas, o al compromiso y a la acción, con incidencia en la vida espiritual de los fieles, la reflexión teológica, la catequesis o el apostolado».

Tras ese tiempo de «asentimiento intelectual» y de llamada «al compromiso y a la acción» solidaria, ahora, «en cambio, la experiencia de fe se centra en el universo emocional y sentimental de la persona, lo que podría interpretarse como uno de los ‘signos de los tiempos’ o una llamada que anima a recuperar la importancia de los sentimientos y a integrarlos, sin menoscabo de la razón, en la vida cristiana».

Seis criterios de discernimiento

Lejos de quedarse en una mera disertación teórica, los obispos aportan en su nota una serie de seis criterios para «ayudar al discernimiento y acompañar en la maduración de estas experiencias apostólicas, para que puedan crecer y prestar un mejor servicio a tantas personas que se acercan a la Iglesia».

En concreto, el anuncio trinitario del kerygma, la llamada a asumir la cruz, la formación, la apertura a todas las realidades eclesiales, el ejercicio de la caridad, y el cuidado de la liturgia. Y los desgranan.

En primer lugar, los obispos proponen recuperar una evangelización centrada en el anuncio del kerygma: la muerte y resurrección de Jesús, hijo de Dios Padre, y su presencia en la Iglesia a través del Espíritu Santo.

Así, un modo de evitar que haya grupos que presenten como «evangelización» otro tipo de discursos de carácter no eclesial, o que traten de desviar el foco hacia personas (fundadores, líderes, etc.), es garantizar «que la oración cristiana no pierda su identidad trinitaria, y que el primer anuncio, así como los procesos de discipulado, presenten a Jesucristo, al que conocemos por la acción del Espíritu, que nos revela el rostro del Padre».

En segundo lugar, los obispos piden que la evangelización no oculte la dimensión de sacrificio que entraña la conversión del corazón (y que suele implicar un cambio radical en la forma de vida de la persona). «A una fe basada solo en sentimientos agradables y positivos le repugna la cruz», pero «no se puede entender la vida cristiana sin compartir la cruz y completar en nuestra carne los sufrimientos de Cristo».

Por eso, explican que «el encuentro con Cristo conlleva la aceptación de la verdad de su persona y su mensaje», sin dulcificarlo ni mutilarlo. «No hay encuentro con Cristo sin profesión de fe, si solo se tiene en cuenta el aspecto subjetivo, pero no se profundiza en el contenido de la fe y en la doctrina».

Y de ahí que insistan, como tercer aspecto, en la importancia de la formación como «medio primordial que permite integrar la verdad en el amor». «Si el acto de fe como adhesión personal a Cristo pierde su profunda unidad con la verdad salvadora que nos ha traído, se transforma en un acto vacío y ciego», añade la Nota.

Los obispos también indican que una cuarta «piedra de toque» para los grupos evangelizadores es no encerrarse en sí mismos, ni reclamar una suerte de «pureza de sangre» o una superioridad moral frente al resto de la Iglesia: «Una auténtica vivencia eclesial de la fe no absolutiza el carisma del propio grupo, sino que lo pone al servicio de la unidad de la Iglesia; y no excluye otros carismas, sino que aprecia la riqueza que aporta al conjunto. Igual se puede decir de los métodos evangelizadores: ninguno ha de considerarse como absoluto, y se ha de admitir que lo que sirve para unos, no ha de ser necesariamente válido o útil para otros», indican.

El compromiso en la vida pública

Como quinto criterio, la Nota señala la importancia de que el encuentro con Cristo que propician este tipo de nuevas realidades eclesiales cristalice en un compromiso público concreto, tanto por la vía de la caridad directa como por la vía de la presencia pública de la fe.

«La fe no puede quedarse en una experiencia meramente emocional, sino que se traduce en la caridad hacia los más pobres, en el testimonio y el servicio que transfiguran el mundo haciendo presentes en él los valores del Reino. Si no somos capaces de ‘tocar la carne de los últimos’, no estamos siendo fieles al Evangelio», afirma categóricamente el documento episcopal.

Y matiza que «el compromiso con la Iglesia y con el mundo, sea en el ámbito familiar, laboral, en la sociedad, en la vida pública, con los más pobres y los enfermos, en la defensa de la dignidad humana, la promoción de la paz o el cuidado de la creación, se convierte en criterio de discernimiento para valorar la autenticidad de la fe y de estas nuevas iniciativas eclesiales».

Por último, el sexto criterio de discernimiento es respetar y cuidar «la belleza de la liturgia» no como un aspecto «meramente formal», sino como un modo de entrar «en el misterio de Dios». «Por eso, la liturgia ha de ser mistagógica, ayudándonos, a través de palabras y gestos, a conducirnos a Dios, a maravillarnos ante Él y a adentrarnos en su belleza».

Además de recordar la importancia de que todos los nuevos movimientos y realidades eclesiales se sometan a la autoridad de los obispos, la Conferencia Episcopal concluye invitando a todos los fieles a «abrazar la fe en la totalidad de sus dimensiones, reconociendo y valorando la importancia de las emociones y los sentimientos en el marco de una sana afectividad en la experiencia creyente, lo que permitirá el encuentro transformador con Cristo ‘de corazón a corazón’».