La tienda, situada en avenida de César Augusto, 70, antiguamente fue una tienda de ultramarinos
Salir un viernes del colegio, merendar un bocadillo y entrar en una tienda de caramelos para comprar unas golosinas como recompensa de la semana. Es una escena que muchas personas recuerdan de su infancia, y uno de los establecimientos que forma parte de esa memoria colectiva en Zaragoza es Caramelos Alcaine, situado en la avenida de César Augusto, 70.
100 años endulzando la vida de muchos zaragozanos, Caramelos Alcaine celebra el 5 de marzo un siglo en la capital aragonesa, pero la historia surgió años atrás gracias a un hombre. Quien puso los cimientos de este comercio fue Clemente Alcaine. Tras su fallecimiento, tomó el relevo su hijo, también llamado Clemente, y con el paso del tiempo el comercio quedó en manos de Miguel Ángel Roc, actual propietario, que durante años ya se encargaba de gestionarle parte de la mercancía.
En 2011 la tienda tuvo que trasladarse a un local contiguo, ya que el edificio original (en el que permanecía desde los años 20) amenazaba ruina. El cambio fue obligado, pero apenas supuso unos metros de distancia. De hecho, en el local actual mantienen decoración del anterior.
DE ULTRAMARINOS A TIENDA DE CARAMELOS
Aunque hoy resulte difícil imaginarlo, este negocio no siempre fue un templo del dulce. En sus orígenes era una tienda de ultramarinos. «Entrabas y estaba repleta de sacos de harina, garbanzos y sardinas», señala el actual propietario. Con los años, el dulce fue ganando terreno hasta imponerse por completo. El negocio dejó atrás el producto salado y se especializó en caramelos y en elaboraciones típicas de Aragón, como las frutas de Aragón.
El día a día en la tienda, explica Miguel Ángel, «es de lo más normal». «La rutina es endulzarle la vida a la gente, no tiene más misterio», afirma con orgullo. En el establecimiento trabajan su mujer, una persona de refuerzo en momentos de mayor carga de trabajo y él mismo.
«La rutina es endulzarle la vida a la gente, no tiene más misterio»
ADOQUINES, TRUFAS Y CEREZAS, LOS IMPRESCINIDBLES
Caramelos tradicionales, trufas y productos aragoneses son los grandes protagonistas del negocio. Entre los más demandados destacan las frutas de Aragón, los adoquines y las cerezas al marrasquino. Miguel Ángel asegura que la tradición pesa en Zaragoza y que estos productos siguen siendo los más vendidos cada día.
Acerca del futuro, es consciente de que para el pequeño comercio cada vez es más difícil. «Solo hay que fijarse en la cantidad de locales que hay vacíos. Reconforta mucho seguir aquí, pero cada vez es más complicado», reconoce.
Dentro de 10 años espera estar jubilado y que «haya una persona dando el callo y vendiendo caramelos». Mientras tanto, Miguel Ángel seguirá endulzando la vida de los zaragozanos en el centro de Zaragoza y manteniendo viva la tradición.













