Marruecos mantiene un total hermetismo sobre el impacto de la crisis que se desató a principios de semana
Miles de marroquíes que entraron de forma irregular en Ceuta en las últimas horas regresan ahora a sus casas con miradas de decepción y tristeza tras cruzar la frontera con España y no «encontrar nada».
Se estima que, según España, son 37.500 los migrantes que han regresado a Marruecos tras pasar una noche en las calles de Ceuta en la mayor crisis migratoria reciente entre Rabat y Madrid que, según las autoridades españolas, ha provocado al menos 43 muertos.
Marruecos mantiene un total hermetismo sobre el impacto de esta crisis que se desató a principios de semana con un goteo de llegadas de migrantes a nado desde las costas de Fnideq (Castillejos) y que culminó el jueves con el cruce de decenas de miles de personas.
El efecto llamada de las redes sociales, con mensajes falsos sobre la supuesta apertura de la frontera española para el libre paso sin documentos, ha servido ahora también para que miles de personas vuelvan a Marruecos.
«Hermana, ni lo intentes. Los españoles están muy movilizados, no dejan entrar a nadie y los que logramos pasar estamos volviendo. Que no se te ocurra venir», advierte exhausto uno de los jóvenes a una reportera de EFE a la que confunde con una migrante.
Muchos han pasado la noche a la intemperie en Ceuta, sin comer ni beber, vagando por las calles con los comercios cerrados por miedo al vandalismo y regresan con impotencia al ver su sueño truncado por la realidad.
Entre los testimonios rescatados por Efe destaca el de una mujer joven con la ropa aún húmeda y las chanclas envueltas de arena. El jueves entró a Ceuta con su hija de tres años cargada a la espalda.
«A los chicos no les daban nada, a mí me trataron un poco mejor por ir con la niña», relata atropelladamente mientras trepa la ladera próxima a la frontera para marcharse. Regresa a Marruecos porque no encontró nada al otro lado, aunque no oculta la desesperación que la empuja: «Si se me presenta otra oportunidad, lo volveré a intentar».
A pocos metros camina Salma, otra joven que se lanzó al agua y cruzó al enclave español a nado. Su diagnóstico es calcado al del resto: frío, hambre y una profunda frustración ante el trato recibido. «No he encontrado nada», dice a EFE.
Batalla campal
Al cruzar de Ceuta a Castillejos, los migrantes contemplan un paisaje propio de una batalla campal. La que libraron durante la madrugada las fuerzas de seguridad marroquíes con grupos violentos atrincherados en las proximidades del paso fronterizo.
Vehículos calcinados, piedras y escombros bloqueaban el acceso por carretera a la frontera, que comienza a despejarse a medida que la policía toma el control de la zona.
Las fuerzas de seguridad de Marruecos han detenido a varias personas, según ha podido constatar EFE, y han utilizado gases lacrimógenos y cañones de agua para dispersar a los grupos violentos.
Un goteo constante
Sobre el terreno, helicópteros de las fuerzas de seguridad sobrevuelan la franja fronteriza, mientras las Fuerzas Auxiliares y la policía marroquí mantienen blindados los accesos a Ceuta para evitar que la marea de personas vuelva a reorganizarse.
Aunque es difícil que la avalancha se repita. Avanzado el día, el goteo de migrantes que desandan sus pasos es cada vez más visible. Agotados, empapados, muchos descalzos, emprenden el viaje de vuelta dejando atrás la amarga certeza de una travesía que no llevó a ninguna parte.













