La Plaza San Felipe en Zaragoza es uno de esos lugares que combina historia y arquitectura con alma. Y en el que es tan importante lo que hay, como lo que hubo
No es una de las plazas más grandes ni más transitadas de Zaragoza, pero la Plaza de San Felipe guarda buena parte de la historia de la ciudad entre sus edificios y rincones. Situada en pleno casco histórico, este espacio destaca por su patrimonio, sus propuestas culturales y por mantener vivo el recuerdo de la desaparecida Torre Nueva, uno de los monumentos más emblemáticos de la capital aragonesa.
Entre fachadas con siglos de historia y espacios dedicados al arte, la Plaza de San Felipe ofrece una visita diferente en el centro de Zaragoza. Un lugar donde pasado y presente conviven y que merece una parada para descubrir todo lo que esconde.
QUÉ VER EN LA PLAZA DE SAN FELIPE EN ZARAGOZA
Aquí tienes una ruta turística por los rincones de la Plaza de San Felipe, en la que arte, memoria y arquitectura van cogidas de la mano.
Palacio de los Condes de Arguillo (Museo Pablo Gargallo)
En el número 3 de la plaza se levanta este palacio del siglo XVII que hoy da cobijo al Museo Pablo Gargallo. Declarado Monumento Nacional en 1943, incluye esculturas, bocetos y obras en hierro combinadas con patios de columnas, escaleras nobles y techos que aún conservan el eco de siglos anteriores.
El museo ofrece más que arte: es una inmersión en el genio de uno de los escultores aragoneses más destacados. Y el edificio, declarado Monumento Nacional, es una joya en sí mismo.
Casa Ros
A un paso del museo, en el número 1, la Casa Ros mantiene la huella de la Zaragoza del XVII. Su discreta elegancia contrasta con la solemnidad de los palacios cercanos. Es una muestra viva de cómo era la vida urbana antes del siglo XX.
Mural de la Torre Nueva
En una de las fachadas laterales, una sorpresa espera al visitante: un mural de gran tamaño que representa la Torre Nueva tal como fue antes de su derribo en 1892. Este homenaje visual reconstruye con arte lo que la ciudad perdió, devolviendo al horizonte una silueta que todavía se echa de menos.
Memorial de la Torre Nueva
El recuerdo de la torre no termina en el mural. En el suelo, los límites que ocupaba están señalados, y una escultura —un niño de bronce sentado mirando hacia arriba— te invita a imaginar cómo habría sido mirar esa altura. Es un punto donde la historia se vuelve emoción.
Torreón Fortea
Al fondo de la plaza se alza el Torreón Fortea, una construcción civil del siglo XV que resiste como testigo del pasado. Su estilo gótico con trazas mudéjares lo convierte en un ejemplar único. Dentro, la Sala Fortea expone obras contemporáneas sin perder la conexión con la tradición.
Casa Montal
Más que un restaurante o tienda gourmet, la Casa Montal —en la cercana calle Torre Nueva— es una casa-palacio con siglos de historia. Su interior acoge un pequeño museo dedicado a la torre de San Felipe, completando el circuito de evocaciones patrimoniales en la zona.
Iglesia de San Felipe y Santiago el menor
No puedes irte sin entrar en este templo barroco. La Iglesia de San Felipe y Santiago el Menor guarda tesoros artísticos y una atmósfera de recogimiento. Su fachada sobria no anticipa la riqueza de su interior, donde el Ecce Homo y otros detalles te recordarán que la espiritualidad también forma parte del alma de la plaza.
Palacio de Fuenclara
Muy próximo a la plaza, este palacio renacentista preside la parte oeste de la plaza con sobriedad y elegancia. Aunque no se puede visitar por dentro, su fachada habla por sí sola. Restaurado con mimo, sigue siendo una pieza clave del paisaje urbano.
CÓMO LLEGAR A LA PLAZA DE SAN FELIPE
Ubicada en pleno corazón del casco antiguo, llegar a la Plaza San Felipe en zaragoza es parte del encanto. Puedes hacerlo de varias formas:
- Desde Calle Alfonso I, gira por Torrenueva o Antonio Candalija.
- Por calle del Temple, accedes desde el sur, atravesando calles con sabor a historia.
- Si vienes desde Plaza del Pilar, solo tienes que tomar la calle Torrenueva y dejarte llevar.
- Desde Avenida César Augusto, accede por la calle Morata hasta la Plaza Ecce Homo, y de ahí a San Felipe.
Todas las rutas desembocan en un entorno peatonal, ideal para recorrer sin prisa. Perderse entre sus calles, aleros y detalles arquitectónicos es casi obligatorio.










