Las incorporaciones a la comitiva real renuevan el interés de los zaragozanos por una cita que ha cambiado su recorrido provocando críticas entre los espectadores en su paso por las obras de César Augusto
Oro, incienso y mirra. Y niños embobados, regalos, narices rojas por el frío, acróbatas, ilusionismo y la infinita felicidad de los deseos por cumplir. Como decía Juan Ramón Jiménez: una noche como la del 5 de enero «se siente como un gran corazón pleno y sano, el sueño de todos, vivo y mágico».
Las bajas temperaturas no han impedido que miles de niños se junten en los alrededores del colegio Joaquín Costa de Zaragoza para ver salir sus majestades de Oriente acompañados de un numeroso séquito real. Al igual que en otras muchas zonas de Aragón, el frío ha sido intenso y los padres se han visto obligados a estar pendientes de guantes, bufandas y abrigos seguían en su lugar a pesar de las aglomeraciones..
En la capital aragonesa el cambio de trazado por las obras de la plaza San Miguel ha sido lo más comentado, con alguna muestra de desagrado por el abandono de las zonas nobles de la ciudad y la apuesta por un trayecto que va desde General Mayandía y Anselmo Clavé hasta la zona en obras de César Augusto para rematar como siempre en el belén de la plaza del Pilar.
«Es complicado el recorrido elegido, podrían haber elegido mejor», explica Inés Guelbenzo, empujando un carrito encajonada entre vallas, material de obras y zanjas a la altura del armazón abandonado del viejo teatro Fleta. «Creo que no nos vamos a quedar», lamenta. Algo parecido señala Silvia López, con una hija de tres años. «En muchos sitios está siendo difícil de ver», evidencia sabiendo que las incomodidades son menos cuando se aproxima el rey Melchor o la jungla animada que acompaña a Baltasar, llegada desde las sabanas africanas.
Baltasar saluda a los miles de niños reunidos en la cabalgata de Reyes de Zaragoza. / GRACIA / GALINDO
«Lo cierto es que este es el primer año que venimos y desde Delicias nos queda más cerca la parte inicial», explica el zaragozano Diego Tejedor, sin perder de vista a Liam de cuatro años y Tayler de uno y medio, los dos embobados con el paso de los Forjadores de Sueños, cubiertos de destellos rojos y dorados. «Llevamos todo el año haciendo peripecias y malabares con los deseos de niños y mayores», explica Diana Montañés, de la compañía de Chéchare. Los integrantes de Almozandia están a cargo, por ejemplo, de la comitiva de Estrelleros. Sin ellos no sería posible guiar a todos los participantes. «Venimos a traer una gran noticia», susurra Sara a los niños que se agolpan en el recorrido.
Un desfile lleno de ilusión y novedades
El desfile Zaragoza ha incorporado este año por primera vez a los componentes del belén viviente de Estadilla, que ha aportado a más de 60 figurantes de su conjunto. «Es un orgullo formar parte de esta cabalgata», señala la portavoz del proyecto, Nuria Cera. El grupo ha participado con su presencia de forma condensada, la esencia que ha convertido a su representación en un referente cultural: músicos y soldados del ejército romano, junto a figuras que evocan saberes y costumbres ancestrales. «Cuando nos propuso venir el Ayuntamiento de Zaragoza nos faltó tiempo para decir que sí, pues es una satisfacción para todo el pueblo», señala.
En el último año se han disparado las cifras de visitantes en Estadilla, algo que ellos ven como una validación para una iniciativa que lleva meses de trabajo. Con sus trajes y memoria de oficios antiguos dan una acogedora visión de la Navidad, del momento más vivo y más mágico del año, siendo una contribución al viaje en el tiempo y en el espacio en el que se ha convertido la cabalgata.

El frío no ha podido con la ilusión de los más pequeños en este cinco de enero. / GALINDO / GRACIA
El gran séquito, que ha aumentado este año considerablemente hasta alcanzar los 417 miembros, ha contado también con un espectacular ángel anunciador de gran formato y otras incorporaciones que se han sumado a la mejora de la iluminación, el sonido y los efectos especiales, reforzando el objetivo de convertir el recorrido en una experiencia memorable. Más zancudos, fuegos, pirotecnia y un juego con los ambientes que hacían viajar a los zaragozanos de la vieja Europa de los herreros al Asia de los monjes guerreros. Con una escenografía renovada el año pasado, los grandes espacios abiertos por los que han desfilado las carrozas han permitido aumentar la visibilidad de los artistas que participan en el recorrido en contraste con las zonas encajonadas por las obras.
El cierre de la cabalgata corre a cargo de la caseta del pajarito Pinzón, el mensajero de los Reyes Magos, que sobrevolará el desfile para vigilar discretamente que todo el mundo se porta bien y evitar la entrega de carbón, tan mal visto en esta época. Esta nueva carroza se recupera como vínculo también con las generaciones de mayores que lo descubrieron en los años 60 a través de la radio. «Es normal estar un poco nerviosos porque nos dan chuches», explica el joven César de trece años.
«La magia no sólo está en los regalos», ha advertido el rey Melchor, quien previamente había abundado en la simbología del oro, el incienso y la mirra como muestras del amor por los demás. Y en su intervención tras visitar el belén de la plaza del Pilar de Zaragoza ha reconocido que la mayoría de los niños han sido buenos y los que no, pues por lo menos lo han intentado.
En el resto de capitales aragonesas los niños también han estado pendientes del tiempo, especialmente en Teruel donde la recepción posterior a los más pequeños se ha trasladado al interior del centro de ocio Domingo Gascón. En algunas localidades como Monzón los Reyes Magos han llegado en tren. Y en otros municipios como en Ejea de los Caballeros se les ha recibido con una chocolatada. El recorrido por las calles de Huesca finaliza en la plaza de Navarra, con un espectáculo de luz y sonido y una gran traca.










