El pueblo educativo de Búbal alerta sobre el deterioro de sus instalaciones y reclama la implicación del Gobierno de Aragón para duplicar sus actividades de divulgación escolar del medio ambiente
El pueblo de Búbal, en la comarca del Alto Gállego, quedó abandonado en los años 70. En medio del proceso de recuperación de enclaves abandonados fue cedido al entonces Ministerio de Fomento para desarrollar uno de los tres pueblos educativos de España, junto con Granadilla en Cáceres y Umbralejo en Guadalajara. A partir del año 84, en sus calles se ha desarrollado un intenso programa de divulgación escolar del medio ambiente que en los últimos años languidece por la falta de aportes presupuestarios, a pesar de la satisfacción de todos los participantes.
«Los primeros años de rehabilitación eran los propios chavales los que se subían a los andamios, algo que ahora no sería posible», recuerda la coordinadora del proyecto, Ana Puzo. Entraron cuando la naturaleza empezaba a derribar casas y ahora, más de 40 años después, temen que la falta de impulso público pueda dar al traste con mucho de lo recuperado. «Lógicamente algunas cubiertas empiezan a tener goteras y tenemos problemas de calefacción en invierno», denuncian. Y la petición es clara: «No podemos permitir que estas casas se caigan otra vez».
El programa Recuperación y utilización educativa de pueblos abandonados pretende un acercamiento a la vida rural de los jóvenes que, en su mayoría, viven en un mundo urbano, favoreciendo la mejora de actitudes que aseguren el equilibrio futuro del hombre con su entorno.
Contempla el trabajo en distintos ámbitos: medioambiental, salud, respeto y convivencia, recuperación cultural y física, incidiendo de forma especial en la educación ambiental y el reconocimiento del importante papel que juega el medio ambiente en la vida de las personas y en el desarrollo de la sociedad, así como la necesidad de tomar decisiones y de actuar para evitar su deterioro. La actividad es constante, aunque podría duplicarse. En el programa participan tanto el Ministerio de Educación como el Gobierno de Aragón, institución a la que se le pide que se cierre un nuevo convenio de colaboración que permita garantizar la financiación suficiente para mantener la iniciativa.
El nuevo curso que comienza el día 20 será también una nueva oportunidad de difundir la labor del recinto. Según explica Puzo, los visitantes llegan de toda España con el objetivo de renovar su contacto con el medio natural. El pasado mes de mayo por Búbal pasaron alumnos de los institutos de educación secundaria obligatoria Villa de Firgas (de Las Palmas), La Canyada de Cantada en Valencia; el Enric Valor de Monover (Valencia); el Ana Carmona de Las Lagunas de Mijas (Málaga) y el Pablo Serrano de Andorra (en Teruel). Además, también suelen recibir alumnado extranjero.
Menos actividades
En Granadilla y Umbralejo, los otros pueblos educativos, las actividades se realizan durante cuatro meses al año. Puzo lamenta que en Búbal los recortes solo les permitan recibir alumnos durante las cuatro semanas de mayo y otras cuatro semanas entre el próximo mes de septiembre y comienzos de octubre. «Los otros dos centros se cedieron completamente al Ministerio de Medio Ambiente, pero en este caso se mantiene la implicación del departamento de Educación y no recibimos la inversión necesaria para mantener la plantilla», lamentan. Esto supone realizar únicamente la mitad del programa educativo.
Las jornadas que pasan los estudiantes en Búbal son una experiencia sorprendente para gran parte de los que visitan el enclave. El profesorado desarrolla un proyecto propio durante los días en los que viven en el pueblo, sea de ciencias o de deporte. Y de forma paralela ellos colaboran con el mantenimiento del enclave: limpiar el gallinero, hacer leña o colaborar con las labores del comedor. En cada uno de los turnos, durante una semana, se juntan dos institutos con unos 25 alumnos.
«Los días que pasan aquí son de desconexión digital total al tiempo que hacen cosas que no ha hecho nunca, como coser un botón o trabajar en un huerto, para ellos es algo completamente revolucionario», destaca.
De forma paralela, también han sido la sede este año de una reunión de las Reservas de la Biosfera o han acogido una jornada desarrollada por una universidad de Burdeos. «Tratamos de diversificar y abrir el abanico para difundir las instalaciones, muchos docentes se llevan las manos a la cabeza cuando descubren el tesoro que existe aquí», indica Puzo.










