Nicolás Maduro jura su nuevo mandato con un fuerte rechazo de la comunidad internacional

Nicolás Maduro desafió este jueves al mundo y a su propio país con su autocoronación frente a los jueces del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ), decidido a que el 10-E se prolongue seis años más. Y lo hizo rodeado de miles de personas, de sus aliados internacionales, de los dirigentes revolucionarios y de la cúpula militar, protagonistas de un nuevo capítulo del No-Do tropical. Pese al calor de los que le arropan, se sintió una soledad extraña, aquella que acompaña a los personajes señalados por la Historia.

Cientos de carteles con la leyenda “¡Yo soy presidente!”, como si no se lo acabara de creer del todo, salpicaban el camino desde el Palacio de Miraflores hasta el TSJ. Lo que se vivió dentro de su sede marca desde hoy mismo una nueva etapa para un país atrapado en un laberinto sin salida, con un jefe de estado calificado como “usurpador” por la oposición y deslegitimado a ojos de buena parte de América Latina, Europa, Estados Unidos y Canadá.

“¡Somos una democracia de verdad! Aquí estoy, para democráticamente llevar las riendas de nuestro país a un destino superior. Hemos cumplido y seguiremos cumpliendo”, arengó el ‘hijo de Chávez’ antes los jueces, pese a que la Constitución marca que es el Parlamento el encargado de llevar a cabo la investidura presidencial.

“No podemos fallar y no fallaremos, lo juro por mi vida y por mi patria”, culminó al final de un extenso discurso, durante el cual repitió los axiomas ya conocidos de la revolución y las promesas de lucha contra la corrupción y contra la crisis económica. Ninguna novedad de peso, lo que evidenciaba que lo más trascendente era el acto en sí mismo.

Maduro contó con el apoyo de sus grandes y escasos amigos: sólo estuvieron presentes cuatro presidentes (el boliviano Evo Morales, el cubano Miguel Díaz-Canel, el nicaragüense Daniel Ortega y el salvadoreño Salvador Sánchez Cerén), además de los dos mandatarios de las repúblicas prorrusas de Osetia del Sur y Abjasia, no reconocidas por Naciones Unidas. Venezolanos buscaban este jueves arduamente en Wikipedia para saber algún dato de los nuevos aliados.

Aislamiento evidente por un lado, pero mucha compañía por otro: hasta 94 representantes internacionales, según las cifras de Maduro, “países que respetan a Venezuela, valientes y dignos. Con ellos otro mundo es posible”, les agradeció el hombre fuerte del país sudamericano.

“Venezuela es el centro de una guerra mundial del imperialismo. Como locos, desbocados andan los gobiernos satélites del imperialismo norteamericano, inventando, gritando. Yo le digo a nuestro pueblo: allá ellos”, se defendió el jefe de Estado, que el viernes anunciará las medidas que pretende tomar contra 13 países del Grupo de Lima. En círculos oficiales se maneja que romperá relaciones con todos ellos, aunque algunos, como Paraguay, se adelantaron este mismo jueves con la misma medida.

Maduro es un superviviente. Ha sobrevivido a grandes olas de protestas, conspiraciones militares y a una presión internacional sin precedentes. Eso hay que reconocerlo. Pero lo ha hecho a costa de pulverizar lo muy poco que quedaba del sistema democrático”, destacó para EL MUNDO el politólogo Edgard Gutiérrez.

Los países de la Unión Europea tampoco acudieron a la jura. Contaron con el respaldo de Bruselas, que insistió en una declaración previa que las elecciones del año pasado “no fueron ni libres ni justas”, a la vez que exigía unos comicios “en conformidad con unos estándares internacionales”.

La postura europea molestó al jefe de Estado, quien repitió las habituales acusaciones de colonialismo y racismo antes de jactarse de que “los pueblos de Europa y los chalecos amarillos me quieren. ¡Somos los rebeldes del mundo!“, aseguró, tras confesar que le regalaron uno y se lo enviaron desde Francia. Incluso piensa ponérselo este mismo viernes.

El legado que Maduro se deja a sí mismo ha roto todos los registros conocidos. Venezuela ha perdido el 53% de su Producto Interior Bruto (PIB), completando la tercera peor inflación de la Historia (1.700.000% subieron los precios el año pasado) y llenando las cárceles con casi 300 presos políticos, además de ser denunciado por Amnistía Internacional por aplicar malos tratos y torturas a presos y por permitir ejecuciones extrasumariales de sus fuerzas policiales y militares.

Además, su gobierno ha reducido la producción petrolera a mínimos históricos y ha provocado una crisis humanitaria y alimentaria sin precedentes en el continente. El resultado ya es conocido: una diáspora masiva, que según Naciones Unidas superará los cinco millones de emigrantes para final de año.

La presión sobre Maduro es inédita, pero no se puede descartar que la resista por su pacto con la corporación militar y algunos apoyos extranjeros”, sentenció, pese a todos estos datos, la psicóloga social Colette Capriles.