La calle de las Moscas que Zaragoza convirtió en El Tubo

Hoy está llena de bares y terrazas, pero hace más de un siglo el aspecto y el nombre de la calle Ossau eran muy distintos

Se llama calle José Pellicer Ossau, con nombre y apellidos, como si la ciudad quisiera dejar muy claro en la placa que aquel hombre existió y que nació precisamente ahí. Hoy basta sentarse en cualquiera de sus terrazas, pedir un vermú y esperar las tapas para encontrarse en un lugar cuyo nombre antiguo resulta bastante menos apetecible. Antes de llevar ese apellido ilustre, antes incluso de que El Tubo se convirtiera en uno de los lugares más conocidos de Zaragoza para comer y beber, aquella pequeña vía del casco histórico fue conocida como la calle de las Moscas.

No era un apodo cariñoso ni una broma de vecinos. Era una descripción bastante literal de lo que ocurría allí durante los meses de calor, cuando las fruterías y los puestos de alimentos llenaban la calle de mercancías y atraían a los insectos. Joaquín Tomeo y Benedicto ya recogía la explicación en su tratado sobre la etimología de las calles de Zaragoza, publicado en 1870, cuando señaló la presencia de numerosas fruterías como origen de aquel nombre. La calle de las Moscas no necesitaba una leyenda para explicar su bautismo, bastaba con pasar por allí cualquier mañana.

La calle está en pleno corazón del casco histórico, muy cerca de donde estuvo la antigua Puerta Cinegia y a pocos pasos de San Gil, en un espacio que durante siglos concentró tiendas, puestos de alimentos, tabernas y almacenes. Mucho antes de que las terrazas llenaran las aceras y El Tubo se convirtiera en una de las zonas gastronómicas más conocidas de Zaragoza, aquella era ya una calle para comprar, vender, comer y beber.

UNA REFORMA QUE CAMBIÓ LA CALLE PARA SIEMPRE

En 1858, Zaragoza emprendió una reforma de su callejero a raíz de la Real Orden de 30 de noviembre de aquel año, que impulsó la revisión de los nombres de las calles y la implantación de un nuevo sistema de numeración de las casas. El proceso municipal se prolongó durante los años siguientes y para 1863 la calle ya aparecía como Ossau, mientras Las Moscas figuraba como su antigua denominación. En 1870, Joaquín Tomeo y Benedicto volvería a recoger ambos nombres en su tratado sobre la etimología de las calles zaragozanas.

El nuevo nombre rendía homenaje a una familia vinculada a la ciudad y, especialmente, a José Pellicer de Ossau Salas y Tovar, uno de los grandes eruditos aragoneses del siglo XVII. Pellicer había nacido en Zaragoza en 1602, según la tradición local en esta misma calle, y acabaría convirtiéndose en historiador, genealogista, escritor y cronista real, además de protagonizar una sonada disputa por el cargo de cronista del Reino de Aragón. Comentó la obra de Góngora, se relacionó con los grandes nombres de su tiempo y llegó a ser tan citado como envidiado, hasta el punto de que Lope de Vega se burló de él en el Laurel de Apolo. La erudición daba prestigio en el Siglo de Oro, pero también hacía enemigos.

Aquel cambio de nombre no modificó la vocación comercial del lugar. Ossau siguió siendo un sitio de paso y de negocios durante los siglos XIX y XX. En el número 1, donde la tradición sitúa el nacimiento de Pellicer, abrieron en 1880 las Mantequerías Buisán, dedicadas a la venta de productos de alimentación y ligadas durante décadas a la vida comercial de la zona. El negocio desapareció hace años, pero el apellido todavía permanece asociado a aquel rincón. Unos metros más allá, en el número 9, funciona hoy Impact Hub Zaragoza, un espacio de coworking dedicado a la innovación y el emprendimiento. Del mismo entorno comercial salen hoy planes de negocio.

Hoy Ossau forma, junto a Estébanes, Cinegio y otras calles próximas, una de las arterias más reconocibles de El Tubo. Donde antes había fruterías, almacenes y pequeños comercios ahora hay bares, restaurantes y terrazas llenas a cualquier hora. Ha cambiado la mercancía y ha cambiado el cliente, pero no tanto la función de la calle, que sigue reuniendo a la gente alrededor de la comida.

La próxima vez que alguien proponga quedar en Ossau para tomar algo, que sepa que esa calle tuvo antes otro nombre, bastante menos elegante y mucho más descriptivo. Las Moscas.