El gigantesco neón azul que coronó el Pilar de Zaragoza durante casi 40 años

Una jaculatoria luminosa recorría las torres y cúpulas de la basílica hasta que el cierzo, las averías y las filtraciones forzaron su retirada

Mientras Zaragoza comenta estos días la nueva iluminación artística del interior de la Basílica del Pilar y los proyectos de experiencias inmersivas con luz y sonido, pocos sospechan que uno de los experimentos más insólitos que ha vivido el monumento fue concebido para convertir la silueta del Pilar en un resplandor azul visible desde el Ebro.

Asomarse al Puente de Piedra o detenerse en el paseo de Echegaray y Caballero en una noche cerrada ofrece una estampa que parece inmutable, las 11 cúpulas y las 4 torres de ladrillo iluminadas con luz dorada. Nada en el perfil actual hace sospechar que durante casi 40 años del siglo XX, la Basílica del Pilar estuvo coronada por un gigantesco letrero de neón y gas argón que dibujaba sus cubiertas con una luz azulada visible a kilómetros de distancia.

Aquella intervención unió la arquitectura monumental con una de las tecnologías luminosas más avanzadas de la época y convirtió la silueta del Pilar en un mensaje que podía leerse tanto desde la recién trazada plaza de las Catedrales como desde la margen izquierda del río Ebro.

  1. DE ALEMANIA A CONDE ARANDA, LA FABRICACIÓN DEL NEÓN DEL PILAR
  2. EL ESTRENO EN 1940, LA NOCHE EN QUE EL PILAR SE ENCENDIÓ SOBRE ZARAGOZA
  3. EL CIERZO, EL DETERIORO DEL TEJADO Y EL ADIÓS DEL NEÓN EN 1979

DE ALEMANIA A CONDE ARANDA, LA FABRICACIÓN DEL NEÓN DEL PILAR

La iniciativa se puso en marcha a finales de 1939, ante la inminente conmemoración del XIX Centenario de la Venida de la Virgen a Zaragoza. Para solemnizar el festejo con lo que las publicaciones de la época calificaron como la presentación más artística que la técnica actual conocía, se proyectó llevar a lo alto de la basílica la jaculatoria más popular de la ciudad, compuesta por el maestro Francisco Agüeras, organista de la Santa Capilla: “Bendita y alabada sea la hora en que la Virgen Santísima vino en carne mortal a Zaragoza”.

El encargo recayó en el ingeniero Pedro Alonso, quien viajó a Alemania para conocer de primera mano la técnica del neón mediante mesas de vacío. A su regreso Alonso fabricó las letras, los transformadores de alta tensión, las resistencias y los electrodos en el taller de su empresa, situado en el número 33 de la entonces calle General Franco, hoy paseo de Conde de Aranda.

Las primeras letras se moldearon con vidrio tubular tintado por el interior y se rellenaron con gas neón y argón, que les daba un tenue color azul. El cuadro de mandos se instaló en las escaleras de acceso a la cubierta a las que se llegaba cruzando la sacristía de la Virgen para salir a través de unas troneras hacia las cúpulas. Para las tareas de mantenimiento, la estructura contaba con una diminuta plataforma por la que los operarios debían transitar sobre las cubiertas del Pilar.

EL ESTRENO EN 1940, LA NOCHE EN QUE EL PILAR SE ENCENDIÓ SOBRE ZARAGOZA

El encendido oficial tuvo lugar en la medianoche del 1 al 2 de enero de 1940. La plaza, entonces denominada de las Catedrales, acababa de abrirse tras el derribo de las manzanas de casas que durante siglos habían encajonado la basílica. A las 12 de la noche mientras sonaba por megafonía la jaculatoria de Agüeras, las cubiertas se iluminaron y los neones se encendieron por primera vez.

Las crónicas de la época describieron a miles de personas arrodilladas en la plaza recién estrenada mientras Ramón Serrano Suñer tomaba la palabra ante la multitud. En aquel momento la basílica solo tenía construidas dos torres, las del lado de poniente. Allí, junto a las cúpulas principales, la jaculatoria quedó suspendida sobre la noche de la ciudad de posguerra.

Años después, con el impulso del Congreso Mariano de 1954 y la culminación en 1961 de las dos torres que faltaban hacia el Puente de Piedra (las de San Francisco de Borja y Santa Leonor), la instalación se amplió gracias a Eléctricas Reunidas de Zaragoza y a su consejero delegado Juan Antonio Cremades. El letrero completó todo el perfil del Pilar: las torres del lado sur llevaban la frase “Sea la hora” las del norte, mirando al agua, “Bendita y alabada”; y la gran cúpula central lucía dos anillos, uno en la linterna con “En que María santísima” y otro en el tambor con “Vino en carne mortal a Zaragoza”, mientras las cúpulas menores lucían coronas de cruces luminosas.

EL CIERZO, EL DETERIORO DEL TEJADO Y EL ADIÓS DEL NEÓN EN 1979

Aquel experimento lumínico permaneció sobre la basílica durante casi 40 años, aunque a comienzos de los años 70 los neones ya apenas funcionaban. Mantener aquella instalación sobre el tejado nunca fue sencillo. El cierzo, los contrastes térmicos y la humedad del río castigaban con frecuencia los tubos. Sustituir las letras una a una sobre las bóvedas resultaba difícil y, a comienzos de los años 70, la jaculatoria pasó largas temporadas apagada o incompleta.

El problema definitivo fue estructural. Las subestructuras metálicas que soportaban las letras terminaron por dañar el tejado de la basílica y provocaron problemas de impermeabilización que obligaban a una reparación urgente.

El 12 de julio de 1979, el mismo día del incendio del Hotel Corona de Aragón, los operarios terminaban de desmantelar las últimas letras de las cubiertas. Con ellas desaparecía un elemento que durante décadas había formado parte del paisaje nocturno de Zaragoza. El neón no volvió a encenderse, pero la jaculatoria sobrevivió a aquella instalación. Todavía hoy, tres veces al día, vuelve a sonar por megafonía sobre la plaza del Pilar.