Cientos de personas se han reunido esta tarde alrededor del escenario de la Fuente de Goya para disfrutar de una jornada marcada por la jota y la tradición
La plaza del Pilar ha despertado antes que el día, de la mano de miles de zaragozanos que han salido a las calles para celebrar a su patrona. Las flores y los trajes regionales han vuelto a llenar de vida el centro de la capital aragonesa, en un día en el que la devoción y el amor por las tradiciones se sienten más que nunca. Porque si de algo van estas fiestas es de compartir aquello que da sentido y nombre a nuestra tierra. Y, por tanto, qué mejor manera de hacerlo que al son de una jota.
De ponerle música a esta jornada se han encargado los ganadores de los certámenes oficiales de Jota Aragonesa, que este lunes por la tarde han llevado su forma de entender el canto y el baile al escenario de la Fuente de Goya. La actuación ha puesto así el broche final a un intenso fin de semana de competición, con la final de la 140 edición del concurso de adultos el domingo y la 40 del certamen benjamín, infantil y juvenil el sábado. Una ocasión perfecta para reunir sobre las mismas tablas a distintas generaciones de joteros y demostrar que esta tradición tiene tanto pasado como futuro.
Minutos antes de que comenzase la muestra, la imagen era clara: cientos de personas buscaban sitio en las pocas sombras que pueden encontrarse a las 17.00 horas en la plaza del Pilar. Muchos iban vestidos de baturros y baturras, mientras que otros llevaban el cachirulo atado al cuello. La expectación era tal que algunos incluso habían traído sus propias sillas para disfrutar del espectáculo con toda la comodidad posible. Ese ha sido el caso de la familia de Antonio Roldán, que no ha querido faltar a su cita anual con la jota: «De toda la vida venimos aquí el día de la Virgen. Me pone los pelos de punta disfrutar de tanto talento en un día tan especial para la ciudad. Llevamos siguiendo el certamen todo el fin de semana y estamos muy expectantes».
La plaza del Pilar abarrotada de gente por las actuaciones de los ganadores del Certamen Oficial de Jota Aragonesa. / Pablo Ibáñez
Los primeros en alzar la voz han sido los más pequeños. En concreto, la jovencísima Abril Deza, que, al ritmo de ‘Zaragoza es inmortal’, ha abierto una tarde en la que los más mayores han podido comprobar que la ilusión por aprender y mantener viva esta herencia sigue muy presente entre las nuevas generaciones. «Es indescriptible la sensación de verlos tan jóvenes y tan disciplinados», apunta Roldán. Tampoco ha faltado una buena lección de valentía. La han protagonizado los ganadores de baile en la categoría benjamín, Carla Sánchez e Iván Rubio, que, poco después de abandonar el escenario a mitad de la coreografía por los nervios, han reunido el valor suficiente para volver a salir y demostrar a todos los allí presentes de lo que son capaces.
Después de los benjamines, ha llegado el turno de las categorías infantil y juvenil. Muchos de sus participantes ya habían pasado por otros concursos de la comunidad antes de actuar esta tarde a los pies del Pilar. Una experiencia que se dejaba notar en la seguridad de sus movimientos sobre el escenario, propia de quienes llevan toda una vida dedicada a la música. «Creo que para la gente es un orgullo verles. Pero, más allá de mi opinión, me emociona porque siento que a la Virgen también le gustaría escucharles», señala Martín Gálvez.
Pero, sin duda, la mayor afluencia de público ha llegado con las actuaciones de los ganadores de los premios ordinarios y extraordinarios. Paquita Urbano, premio ordinario de canto femenino, ha inundado la plaza con su voz y ha conseguido algo difícil de ver en plenas fiestas: que cientos de personas guardasen silencio para escucharla, hasta que los aplausos y los gritos de «¡Bravo!» han vuelto a hacerse oír. La alegría ha continuado con el baile de Marta Biel y Miguel Tomás Romero, que ha animado incluso a algunos espectadores a seguirles los pasos. Aunque uno de los momentos más entrañables de la cita ha tenido lugar con la entrada de Antonio Clos, premio extraordinario de canto masculino, ya que ha sido su propia hija, Elena Clos, premiada en la categoría juvenil, quien lo ha presentado. «Se me ha saltado el cuerpo», ha confesado poco después de cantar.
Así se ha cerrado una tarde en la que la jota ha vuelto a demostrar que es mucho más que música y baile. Es una herencia que pasa de generación en generación y que, cada 12 de octubre, encuentra un lugar especial al lado del Pilar. Porque, mientras haya quien siga cuidando de ella y manteniéndola viva, como concluye Pilar Corredor, «siempre tendremos motivos por los que celebrar».










