España complica la maniobra de Infantino y la FIFA para entregar a Marruecos la final del Mundial 2030

El triunfo de la Selección apunta al Santiago Bernabéu como única sede lógica para albergar el partido decisivo del torneo

Gianni Infantino, el equilibrista de Zúrich, tenía un plan cerrado; o al menos un escenario bastante bien dibujado en su cabeza para el próximo Mundial que se celebrará en el 2030. Sin embargo, la reciente coronación de España como campeona del mundo ha sido todo un guantazo de realidad que ha reventado las costuras de la diplomacia futbolística. De repente, la idea de llevar la final del torneo a Marruecos ha pasado de ser una «jugada maestra de expansión global» a convertirse en el caramelo envenenado que la FIFA no sabe muy bien cómo tragar. Algo impensable, desde luego.

La candidatura original tenía todo el sentido del mundo: España y Portugal, un bloque histórico e ibérico sólido, con distancias cortas, estadios de alto nivel y una cultura futbolística que se vende sola. Un proyecto lógico y redondo. Entonces, entraron en juego la política y prisas institucionales.

Fue un movimiento orquestado desde Moncloa por Pedro Sánchez y avalado por la antigua cúpula de la RFEF de Luis Rubiales: se incluyó a Marruecos en la ecuación. Y se nos vendió como un idílico puente entre dos continentes, un romántico apretón de manos entre Europa y África para asegurar los votos que faltaban. Y claro, el reino alauí no se unía al barco para tocar la pandereta y conformarse con cuatro partidos secundarios. Querían el escenario principal y, hasta el momento, han conseguido dilatar que la FIFA cierre el acuerdo con alguno de los países implicados en ello.

De tal manera que el faraónico estadio Hassan II de Casablanca no se está levantando por amor al arte. Sus proyectadas 115.000 butacas son una declaración de guerra en toda regla. Marruecos entendió rápido el idioma que habla la FIFA: a mayor aforo, más entradas vendidas, más palcos VIP y la conquista de un mercado emergente que vuelve locos a patrocinadores y al propio Infantino.

El futuro Grand Stade Hassan II
El futuro estadio Grand Stade Hassan II de Casablanca para el Mundial 2030 | REDES SOCIALES

El experto leyendo hacia dónde sopla el viento del dinero y de las alianzas, veía entonces con muy buenos ojos este sorpasso norteafricano. La geopolítica mandaba. Pero claro, entonces la pelota empezó a rodar y España hizo lo que mejor sabe hacer últimamente: ganar el Mundial. Llegar a la cita de 2030 con la estrella en el pecho lo cambia absolutamente todo. Es el comodín definitivo que rompe la baraja. ¿Cómo demonios se justifica que le vas a quitar el partido final a la selección que defiende el título, que aporta la mayoría de las sedes y que es la cuna organizativa del torneo?

Privar a España de esa noche enviaría un mensaje incomprensible. Hablamos de una Copa del Mundo donde la Península Ibérica asume el grueso del trabajo duro, los desplazamientos logísticos y la infraestructura diaria. Celebrar ese encuentro que paraliza el mundo a cientos de kilómetros, cruzando el Estrecho, solo para contentar al socio que llegó tarde al proyecto, es un salto mortal que ni siquiera Infantino tiene claro cómo aterrizar ahora mismo sin romperse todos los dientes.

El Santiago Bernabéu, la nave espacial de la Castellana

A nivel puramente tangible, el debate de las sedes tampoco se sostiene. Tras su obra histórica, el Santiago Bernabéu es el recinto más tecnológico, versátil y preparado del mundo. Lo tiene todo: techo retráctil, césped hipogeo, pantallas 360 grados y, sobre todo, está incrustado en el corazón de una capital europea con una oferta hotelera y una red de transportes que Casablanca, hoy por hoy, solo puede soñar con igualar. Es más, el alcalde de Madrid, José Luis Martínez-Almeida, lo resumió bastante bien hace poco: «No se me ocurre otro escenario para la final del Mundial 2030 que no sea el Bernabéu. Sería incomprensible, más aún siendo ahora bicampeones del mundo y habiendo liderado la candidatura». Y no le falta razón. No hay excusa técnica que avale el traslado.

Pero cuidado con darlo por hecho. Que la lógica, el sentido común y el mérito deportivo nos den la razón no significa que el trabajo esté finiquitado. Argumentos hay de sobra para saber que, en la FIFA, la amnesia selectiva es una enfermedad muy común cuando hay presiones de por medio.

Marruecos va a seguir jugando fuerte. Van a exprimir su peso en la Confederación Africana, van a exhibir sus maquetas relucientes y van a apelar a esa constante necesidad de contentar a todos los bloques. Pero hay otro aspecto que podría jugar en su contra y por el que no se puede luchar: la polémica final de la Copa África de 2026 y la organización por sí de todo aquel campeonato.