Una Plaza del Pilar de Mundial: así explotó Zaragoza con el pase de España a la final

Más de 10.000 aficionados convirtieron el corazón de Zaragoza en una auténtica grada para empujar a la selección española hacia su segunda final mundialista

Más de 10.000 gargantas latieron al unísono en la Plaza del Pilar para acompañar a la selección española en una noche que ya forma parte de la historia del fútbol nacional. Zaragoza convirtió uno de sus rincones más emblemáticos en una pequeña grada de Dallas, donde cada pase, cada ocasión y cada minuto se vivió con la intensidad de quien siente el partido como propio. Entre cánticos, abrazos, nervios y estallidos de alegría, la afición maña disfrutó de una clasificación para la final del Mundial con una auténtica exhibición del cuadro de Luis de la Fuente.

Y es que la Plaza del Pilar comenzó a rugir incluso antes de que echara a rodar el balón. Los más de 10.000 aficionados, vestidos con los colores de ‘La Roja’ y ataviados con bufandas y banderas, entonaron el himno de España con sentimiento e ilusión por lo que estaba por venir. Así pues, los primeros pases del combinado español ya se celebraban con aplausos y vítores, como si cada recuperación de balón o saque de banda a favor acercara un poco más el sueño de la final.

La emoción y el entusiasmo fue creciendo con el paso de los minutos hasta encontrar su primer gran estallido de la noche. La caída de Lamine Yamal dentro del área, tras recibir una patada de Digne, hizo que miles de brazos se alzaran al unísono reclamando el penalti. Y cuando el colegiado señaló el punto fatídico, la Plaza del Pilar explotó de júbilo convencida de que España tenía en sus botas dar el primer golpe del encuentro.

De este modo, Oyarzabal no perdonó desde los once metros y desató una auténtica locura entre los presentes. Los abrazos se multiplicaron, los vasos salieron despedidos por los aires y el grito de gol retumbó con fuerza en toda la plaza. La superioridad de España iba alimentando todavía más el optimismo de la afición, que celebraba cada ocasión, cada recuperación e incluso los fueras de juego señalados al conjunto francés. Con las sonrisas dibujadas en el rostro y la sensación de tener la final un poco más cerca, llegaba el descanso que servía para reponer fuerzas, combatir el calor que empezaba a dar una tregua al caer el sol y disfrutar del inevitable bocadillo que acompaña tantas noches de fútbol.

UNA AUTÉNTICA FIESTA

Con el regreso de los jugadores al terreno de juego, todas las miradas volvieron a fijarse en las dos pantallas gigantes que presidían la Plaza del Pilar. Cada segundo que corría acercaba a España a una nueva final mundialista, pero también hacía crecer la tensión entre una afición que apenas podía despegar la vista del encuentro. Un nerviosismo que desapareció de golpe cuando Pedro Porro encontró el camino del gol y desató un nuevo estallido de euforia. El tanto que doblaba la ventaja y volvía a provocar otra explosión de abrazos, saltos y cánticos que hacía temblar el corazón de Zaragoza.

Pese a tener el marcador a favor y una renta de dos tantos, nadie daba nada por hecho. Muchos se mordían las uñas mientras Francia buscaba una reacción desesperada. La afición zaragozana empujaba desde la distancia como si fuera un jugador más sobre el césped de Dallas, animando cada recuperación y celebrando cada acción defensiva. Al mismo tiempo, las largas posesiones de la selección arrancaban sonoros «olés» de una Plaza del Pilar que disfrutaba viendo cómo el balón corría de un lado a otro mientras la final estaba cada vez más cerca.

De este modo, cuando el árbitro señaló el final del partido, toda la tensión acumulada durante noventa minutos se transformó en una celebración inolvidable. La Plaza del Pilar estalló en un mar de banderas, abrazos y cánticos, con miles de aficionados saltando al unísono al comprobar que España volverá a disputar una final del Mundial, la segunda de su historia. Durante unos minutos desaparecieron el calor, los nervios y la espera; solo quedó la felicidad de una ciudad que vivió el partido como si se jugara en casa y que ya sueña con volver a reunirse para acompañar a la selección en el último paso hacia la gloria.