Aunque la distancia favorece la idealización, quienes la conocen destacan «su capacidad de sacrificio» estos tres años
Vaya por delante que cualquier pieza periodística sobre la Heredera siempre lleva adosado cierto aroma cortesano o, al menos, de lisonja inmerecida por una trayectoria aún cortísima. Esto se debe, por un lado, a que la distancia impuesta por la Corona (nobleza obliga) impide observarla más de cerca, que es donde lucen los defectos, pero también a que resulta realmente difícil poner un «pero» a esta joven que nos ha tocado como Heredera.
La semana próxima termina para Doña Leonor un periodo de tres años en el que se ha fajado en los tres Ejércitos como si la vida le fuera en ello. Primero fue la Academia de Zaragoza, donde tuvo un nivel de exposición pública que acabó resultando abrumador. Con apenas 18 años, pasó del cobijo del internado en Gales, donde había estudiado los últimos tres años, a la disciplina y la rutina castrenses sin solución de continuidad.
Este debut en la mayoría de edad no debió de resultar nada fácil, aunque una persona que conoce bien cómo navegó esta etapa asegura a LA RAZÓN que se ha tomado su formación militar «con mucha responsabilidad y de una manera muy comprometida». Ese concepto de ser «una más» entre sus compañeros fue literal, según la misma fuente, que además destaca su «valentía y espíritu de superación».
«Ya no soy la misma»
Los meses que permaneció embarcada en el buque escuela de «Juan Sebastián de Elcano» dejaron unas imágenes vertiginosas de la Princesa completando la clásica maniobra marinera de subida a los palos y gavias a 50 metros de altura. La exigencia física del entrenamiento para alguien no especialmente atlético (al menos, hasta ahora) fue un desafío que se sumó al confinamiento en un espacio reducido y durante tantas semanas sin tocar tierra firme.
Según la citada fuente, el paso de Leonor por las Academias y la Escuela Naval «han sido un ejemplo de cómo se pueden vencer las dificultades con voluntad y sacrificio y, de esta forma, salir fortalecido para afrontar el futuro con una mejor preparación».
La propio Heredera ha dicho que ya no es la misma que entró por la puerta de la academia aragonesa. Lo dijo hace justo un mes, en el Palacio de San Esteban de Murcia, donde recibió la Medalla de Oro de la ciudad con un discurso que sonó a despedida de su etapa de instrucción militar. La última fase en la Academia General del Aire y del Espacio de San Javier termina el viernes en la ceremonia de entrega de despachos a la que asistirá la Familia Real al completo.
«A la orden»
Ha sido en Murcia donde la Princesa ha volado sola en todos los sentidos. Ha ganado aplomo y seguridad y, según dicen algunos, esta rama del Ejército le ha apasionado especialmente. También ha podido realizar un vuelo en paralelo sobre el Mediterráneo con el Rey, con el que tiene una química personal que queda patente en las imágenes públicas y enternece cuando no hay cámaras. Doña Leonor busca a su padre con la mirada o con un comentario al final de cada acto y el jefe del Estado le devuelve la atención con evidente arrobo.
Las fuentes consultadas hablan de la «gran inteligencia emocional» de la primogénita de los Reyes. Cuentan que tras su primer 12 de octubre de uniforme en 2023, la Heredera se unió al resto de la familia para comer y, al llegar ante Don Juan Carlos, se cuadró y se puso a sus órdenes. Visiblemente conmovido, el Rey emérito trató de disimular la emoción diciéndole que era la última vez que saludaba con la cabeza cubierta bajo techo.
Abundando en el tono un poco hipoglucémico que se señalaba al principio de este artículo, otro ex servidor de Zarzuela destaca de ella que, además de las virtudes evidentes, tiene «una presencia especial, como cierta aura regia, una luz propia que la ilumina desde atrás como si se tratara de un foco de estudio».










