La reina que prohibió la esclavitud y se preocupó de los derechos de los nativos americanos

Tal día como hoy de hace 526 firmaba una Real Provisión que declaraba su voluntad de gobernar sobre ellos no como vencedora, sino como protectora

Castilla y León es una comunidad histórica donde las haya, clave en la construcción de lo que hoy conocemos como España. Y una tierra de reyes, pero no de monarcas cualquiera. Y de entre todos ellos sobresale una mujer: Isabel I de Castilla, conocida como La Católica, que nacía el 22 de abril de 1451 en Madrigal de las Altas Torres (Ávila).

Una reina bajo cuyo mandato junto a su esposo Fernando de Aragón, uniendo ambos reinos de paso, España se modernizó.

Entre sus logros, está la conquista del Reino Nazarí de Granada en enero de 1492; su apoyo a Cristóbal Colón financiando el viaje que derivó en el Descubrimiento de América ese mismo año; y en lo religioso estableció la Inquisición española y decretó la expulsión de los judíos también en 1492.

Isabel transformó Castilla en una potencia mundial moderna y centralizada que sentaría las bases del Imperio que surgiría posteriormente.

También fue una gobernante de enorme autoridad propia en un entorno patriarcal como era aquella España del siglo XV. Y, para más inri, en su testamento demostró una avanzada preocupación por los derechos de los indígenas americanos, ordenando que fuesen tratados como hombres libres. Su título de «Católica» le fue otorgado por el Papa Alejandro VI en 1496 mediante la bula Si convenit.

Es precisamente esta visión de la reina sobre los derechos y libertades de los indígenas que llegaron a castilla procedentes de las Indias traídos por Cristóbal Colón y su devolución a sus tierras de origen, lo que ocupa estas líneas de hoy en LA RAZÓN.

Y es que tal día como hoy, 20 de junio, pero del año 1500, o lo que es lo mismo hace 526 años, Isabel la Católica daba el primer paso hacia la abolición de la esclavitud. Una decisión histórica y pionera por cuanto hablamos de una época en la que exclavitud era práctica común en Europa, donde la captura de «infieles» o «bárbaros» estaba más que justificada por canonistas y legistas y se utilizaban para intercambiarlos por prisioneros.

Pues este 20 de junio de 1526, la Reina de Castilla prohibía de facto la esclavitud mediante la firma en Sevilla de una Real Provisión, un documento jurídico-administrativo emitido por la monarquía española y los Consejos, como el de Castilla, entre los siglos XIII y XVI, que funcionaba como una orden directa para regular actos de gobierno, administrar justicia o instruir acciones a las autoridades locales.Este tipo de documento se caracterizaba por su alta solemnidad, ya que solía incluir la intitulación completa del monarca y llevaba sellado el sello real.

Con este acto, la soberana castellana se convirtió en la primera mandataria europea en preocuparse de los derechos de los nativos americanos en los territorios que se iban descubriendo e incorporando a la Corona de Castilla.

Pero esta decisión tuvo un antecedente que fue el que hizo despertar a la Reina y pasar a la acción.

Y ese hecho fue que tras el exitoso regreso de Colon, que se había establecido en La Española, los Reyes Católicos lo recibieron en Barcelona con gran algarabía, para seis meses después volver a financiar una segunda expedición del almirante a las Indias, pero con la orden de «tratar a los indios con cariño y abstenerse de hacerles ningún daño». El genovés no solo desobedeció el mandato de la reina sino que, además, capturó a más de mil nativos lo que enfureció a Isabel y dañó su relación con Colón.

Tras regresar de este segundo viaje, la reina observó el desembarco en Sevilla de varios indígenas traídos por el marinero, algunos de los cuales fueron regalados a nobles, otros vendidos como esclavos y, en definitiva fueron tratados como bienes exóticos. En ese momento, Isabel, indignada, se preguntó que qué derecho tiene Cristóbal Colón de entregar a sus vasallos como propiedad. Una frase que, más allá del gesto, supuso el comienzo del camino hacia la Real Provisión del 20 de junio.

¿Qué es lo que indicaba esta Real Cédula? Pues, en primer lugar prohíbe esclavizar a los nativos americanos y les otorga la consideración de súbditos de la Corona.

También ordena la liberación, el retorno y la restitución de sus tierras a los nativos que Cristóbal Colón trajo a España como esclavos. En ella, prohibió que ningún indígena pudiera ser reducido a la esclavitud y los que se hallasen en esa condición debían ser liberados.

Con ella, reconocía la dignidad humana de los indios y su condición de sujetos libres y vasallos de la Corona de Castilla. Y declaraba su voluntad de gobernar sobre ellos no como vencedora, sino como protectora. Y así, la Corona costeó la vuelta de estos indígenas a sus tierras.

Esta Real Provisión tuvo su confirmación y ratificación un mes más tarde, el 20 de julio, con la firma de la Orden que activaba el proceso de devolución. O lo que es lo mismo, la liberación formal y recuperación de us libertad bajo custodia regia y embarque hacia sus tierras de origen.

Esta ley es transcendental porque sentó las bases de lo que conocemos hoy como «Los Derechos Humanos», y no solo por abolir la esclavitud, sino también y sobre todo por reconocer a los nativos súbditos de la Corona y, por tanto, personas iguales en derechos y deberes a los súbditos peninsulares.

Por este motivo, hay que celebrar este 20 de junio como una fecha importante en la Historia de España, sobre todo en un momento como el actual en el que la conquista de América está en entredicho por políticos y partidos populistas que quieran demonizar a España y su legado mediante exageraciones y numerosas falsedades probadas a lo largo del tiempo.

Porque la Corona de España, desde los Reyes Católicos con Isabe a la vanguardia, siempre ha procurado preservar la dignidad y libertad de los indígenas que vivían en el Nuevo Mundo y lo hizo desde el primer momento en el que Cristóbal Colón descubrió América. Fue ella, y solo ella, quien los declaró hombres, con alma y libres.

Un espíritu que quedó plasmado en su testamento a su muerte el 26 de noviembre de 1504 en Medina del Campo (Valladolid) a los 53 años, que fue recogido por sus sucesores. Primero por su marido, Fernando el Católico, con las Leyes de Burgos de 1512, que reconocían la naturaleza jurídica de los indígenas como hombres libres y su derecho a la propiedad y, después, por su nieto Carlos I con las Leyes Nuevas de 1542.

Isabel la católica, en un lienzo de Luis de Madrazo y Kuntz, pintado en torno a 1848, que se conserva en el Museo del Prado
Isabel la católica, en un lienzo de Luis de Madrazo y Kuntz, pintado en torno a 1848, que se conserva en el Museo del Prado la razon

Así rezaba esta defensa de los indigenas en su testamento:

«Y no consientan ni den lugar que los indios reciban agravio alguno en sus personas y sus bienes, mas manden que sean bien y justamente tratados, y si algún agravio han recibido, lo remedien».

Prueba de todo esto es que un año antes de muerte, en 1503, se construyó el primer hospital en América, concretamente en la isla de La Española (actual República Dominicana). Se trata del Hospital de San Nicolás de Bari, que atendía a indígenas y españoles pobres. Estuvo funcionando durante más de tres siglos y, a finales del siglo XIX, quedó abandonado tras ser dañado por terremotos.

Además, otra Real Provisión del 19 de octubre de 1514, esta firmada por Fernando El Católico, autorizaba el matrimonio entre españoles e indias, que la Corona apoyaba. Un año después se legalizaron también los matrimonios entre indios y españolas.

Isabel de Castilla es, por tanto, una de las mujeres más destacadas en la historia de España y con ella se inició uno de los reinados más prolíficos de la península ibérica, que sentó las bases que llevaron a España a ser la primera potencia mundial en los siglos posteriores.