El director del programa de Personas Mayores de Fundación La Caixa destaca que «invertir en la soledad tiene que ver con la cohesión y con cuidarnos unos a otros»
«La soledad no es una epidemia ni una enfermedad, sino que es parte de la condición humana, un sentimiento tan común como la tristeza o la alegría», señala Javier Yanguas, psicólogo y gerontólogo, pero a veces no estamos preparados para manejarla o gestionarla eficazmente, y entonces puede resultar muy dolorosa.
Es en este ámbito en el que desarrolla su labor el programa Siempre Acompañados, de Fundación La Caixa, que desde hace una década trabaja para dar respuesta a la soledad no deseada en las personas mayores.
Pero hacer frente a la soledad no es tarea fácil y, como destaca Yanguas, que además es el director científico del programa de Personas Mayores de Fundación La Caixa, «el reto más acuciante es su complejidad».
Al respecto, explica que «la soledad tiene muchas capas: emocionales, relacionales, existenciales» y, además, está asociada «a la vulnerabilidad, a las pérdidas y a las transiciones, que son sus grandes aceleradores».
Asimismo, ésta funciona de forma paralela a crisis existenciales, patologías como la depresión, enfermedades o relaciones complejas con la familia.
Es por ello que, para su abordaje, es necesario contemplarla desde una mirada más poliédrica y tratar de entender a quienes la sufren, conociendo su situación particular en profundidad. «Solo así podremos intervenir y acompañar de forma más personalizada y facilitar que las personas puedan empoderarse y hacer frente a estas situaciones», señala Yanguas.
En esta línea, el programa Siempre Acompañados, que durante sus diez años de vida ya ha atendido a 3.664 usuarios, busca empoderar a las personas mayores en situación de soledad mediante una intervención individualizada, que fomente su papel activo en el proceso de envejecimiento.
En este contexto, no hay que olvidar que, tal y como destaca el director del programa, los seres humanos «nos hacemos con los demás, en la interacción mutua», una idea que comparte Marije Goikoetxea, psicóloga y doctora en Derechos Humanos en la Universidad de Deusto y colaboradora del programa de Personas Mayores de Fundación La Caixa.
Para ella, y haciendo referencia a la idea del médico y filósofo Pedro Laín, «nos vamos construyendo a partir de quienes nos rodean, sobre todo de los encuentros con personas significativas».
Más allá de una pérdida
Por eso, en ocasiones, una ausencia lo trastoca todo, no solo por la pérdida de ese ser querido, sino porque también se tambalea parte de uno mismo. Así, cuando una interacción significativa se rompe, «lo que hacemos es sufrir, encerrarnos y empezar a tener esos sentimientos de exclusión, ausencia y vacío que caracterizan la soledad», subraya Yanguas.
La pérdida de la relación, ya sea por una muerte o una separación, «solo es una parte pequeña. Se rompen también las expectativas, los proyectos compartidos, las actividades conjuntas, el apoyo mutuo», comenta el director del programa, quien señala que eso puede llevar al individuo a experimentar autoextrañamiento.
Ese concepto se refiere a «sentirse extraño en un mundo que para ti es incomprensible», ya que aquello que te identificaba y constituía ha desaparecido. Y es entonces cuando es necesario empezar un proceso de reconstrucción, que no solo pasa por asumir la pérdida, sino que implica rehacer rutinas, reformular las expectativas y repensar la forma de estar en el mundo.
En este contexto, es clave reconocerse en soledad, lo cual puede generar incomodidad y tristeza, pero esa aceptación de la propia fragilidad es fundamental para hacer frente a la soledad. Como destaca Goikoetxea, «la fragilidad es una oportunidad para conectar con los demás », ya que al exhibirla se establece un espacio de confianza con el otro y eso genera conexiones más profundas.
Además, «reconocer nuestra fragilidad hace que no nos exijamos cosas que no podemos asumir», insiste la psicóloga y, en ese proceso de aceptación puede jugar una papel destacado el miedo a convertirse en una carga, que frecuentemente hace que restemos importancia a un problema o miremos hacia otro lado.
«Todos necesitamos en momentos concretos cuidados que van más allá de lo estrictamente informal», pero además, es importante, de hecho, según Goikoetxea, «es uno de los desafíos más urgentes», «lograr que las personas mayores dejen de sentirse una carga y entiendan que tienen mucho que aportar».
Y es que soledad no deseada no es únicamente un sufrimiento que padecen algunas personas, concretamente, en España, una de cada cinco, sino que es también algo que «pone en juego el alma psicológica de la sociedad que queremos ser», señala Yanguas, para quien «invertir en la soledad tiene que ver con algo esencial, como es la cohesión y con cuidarnos unos a otros».
«La soledad es parte de la condición humana», insiste Yanguas, para quien «la paradoja es que estamos solos, pero con la ilusión de estar acompañados», concluye.












