Los jóvenes de la Hermandad de San José Obrero ponen en marcha la iniciativa «Piedad Popular en Directo» que permitirá a mayores y personas con dificultades de movilidad seguir las procesiones mediante retransmisión online
La emoción de una procesión, el sonido de los tambores, el paso solemne de los costaleros y la devoción de los vecinos forman parte inseparable de la Semana Santa. Pero no todos pueden vivirla en la calle. Pensando en quienes no pueden salir de casa o de su residencia, la Hermandad de San José Obrero de Pinto ha puesto en marcha una iniciativa que permitirá seguir las procesiones en directo desde distintos centros del municipio. El proyecto, llamado «Piedad Popular en Directo», retransmitirá las procesiones de la hermandad a través de internet para que puedan verse en residencias de mayores, centros cívicos y asociaciones locales.
La idea nació hace apenas cinco meses, impulsada por el grupo joven de la hermandad, que vio en la tecnología una oportunidad para acercar la tradición a quienes, por edad o movilidad, no pueden acudir a las calles. «Queríamos que las personas que están impedidas para ir a las procesiones pudieran vivirlas igualmente», explica Sergio del Pozo, responsable del grupo joven y uno de los impulsores del proyecto. «Pensamos que la tecnología podía ser una herramienta para promover las procesiones entre los mayores o cualquier persona que no pueda asistir físicamente». La iniciativa empezó a tomar forma en noviembre de 2025, cuando varios jóvenes de la hermandad comenzaron a pensar en nuevas formas de acción social vinculadas a la Semana Santa.
Según cuenta Del Pozo a este periódico, todo comenzó durante una conversación con el presidente de la hermandad, Francisco Javier Marabel. «Hablábamos de ideas de acción social, de acompañar a personas mayores, y surgió la posibilidad de llevar las procesiones a las residencias». A partir de ese momento, el grupo joven decidió desarrollar el proyecto. Elaboraron un documento con la propuesta y lo sometieron a votación dentro del propio grupo. La aprobación fue unánime. Después se presentó a la junta de la hermandad, que dio luz verde a la iniciativa. «En ese momento era solo una idea sobre el papel, una declaración de intenciones. Pero teníamos muy claro que queríamos hacerlo realidad», reconoce.
Presupuesto cero
El proyecto ha salido adelante gracias al esfuerzo de voluntarios y a la colaboración de vecinos. No ha habido presupuesto económico. Todo el material necesario ha sido cedido por particulares. «Un amigo mío, que ni siquiera pertenece a la hermandad, nos ha prestado una cámara, un micrófono y otras herramientas. Sin eso técnicamente no podríamos hacerlo». Además de esa ayuda, distintos hermanos han aportado teléfonos móviles, proyectores y otros equipos para poder realizar la retransmisión. Antes de ponerlo en marcha, los jóvenes han realizado varias pruebas técnicas. Probaron durante eucaristías y ensayos de procesiones para comprobar la calidad de la señal y mejorar la retransmisión. «Ha sido más complicado de lo que pensábamos. Pero poco a poco hemos conseguido que todo funcione bien y con la calidad adecuada», admite.
Para que la iniciativa llegue al mayor número de personas posible, la hermandad ha tejido una red de colaboración con diferentes entidades del municipio. Entre los centros que emitirán las procesiones en directo están las religiosas teatinas de la Sagrada Familia, el Centro Cívico El Prado, la residencia municipal
Dolores Soria, residencias privadas o la sede local de la Asociación Española Contra el Cáncer. También participa la Concejalía de Mayores del Ayuntamiento de Pinto. Las retransmisiones se realizarán a través del canal de YouTube de la hermandad, para que cualquiera que lo desee pueda seguirlas en directo o diferido. «La acogida ha sido increíble. Cuando empezamos era solo una idea. Pero todas las personas y entidades a las que hemos pedido colaboración han respondido que sí».
La historia de la Hermandad de San José Obrero está profundamente ligada al desarrollo del barrio donde nació. Fue fundada en 1969 por familias que habían llegado a Pinto durante las grandes migraciones interiores de los años sesenta. «Era gente que venía del campo a trabajar a las fábricas del sur de Madrid. Muchos eran cristianos pero no tenían un templo cerca». En aquella época el barrio estaba separado del centro urbano por campos de cultivo. Para asistir a misa, los vecinos debían caminar largas distancias. Poco a poco comenzaron a reunirse para celebrar encuentros religiosos. Finalmente, los propios vecinos decidieron construir una ermita. «Entre todos fueron pidiendo materiales y donativos. Así levantaron el templo que hoy es la sede de la hermandad». Actualmente la organización cuenta con unos 200 hermanos. Desde sus inicios, los jóvenes han tenido un papel destacado dentro de la hermandad. Hace dos años se formalizó un grupo joven que participa activamente en la organización de actividades. El nuevo proyecto de retransmisiones ha reforzado aún más esa implicación juvenil.
Una experiencia personal de reencuentro
Para del Pozo, esta iniciativa también tiene un significado personal. Aunque pertenece a la hermandad desde pequeño, durante varios años estuvo alejado de la vida religiosa. «Mi madre me hizo hermano cuando era muy pequeño, pero durante unos ocho años estuve completamente desvinculado de la iglesia», cuenta. Con el tiempo, algunas experiencias personales le llevaron a replantearse su relación con la fe. Fue entonces cuando retomó el contacto con la hermandad y comenzó a colaborar en el grupo joven. «Por primera vez voy a salir en procesión por decisión propia. No de la forma tradicional, sino ayudando a que otras personas puedan vivirla».
Más allá del aspecto religioso, los impulsores del proyecto quieren transmitir un mensaje social. «En la sociedad actual muchas veces nos olvidamos de las personas mayores. Esta iniciativa nació pensando en ellos», reconoce el joven. El objetivo es que quienes han sido parte fundamental de la tradición de la Semana Santa puedan seguir sintiéndose conectados con ella. «Ellos son quienes iniciaron esta tradición y quienes nos han inspirado. Queremos que sepan que seguimos unidos a esa generación». Además, la iniciativa demuestra —según sus organizadores— que la tecnología puede convertirse en una herramienta de encuentro. «Los jóvenes usamos mucho la tecnología. Pero no tiene por qué aislarnos, también puede servir para acercarnos a los demás».
Desde la hermandad confían en que esta experiencia sea solo el comienzo. Si la iniciativa funciona, podría repetirse en los próximos años e incluso servir de inspiración para otras localidades. «Internet está para explorar y para concienciar. Nosotros, con los recursos que tenemos, hemos llegado hasta aquí», afirma el presidente. El objetivo final es sencillo, pero ambicioso: que nadie se quede fuera de una tradición que forma parte de la identidad del barrio. «De lo que se trata no es solo de ver una retransmisión. Se trata de que las personas puedan sentirse parte de lo que ocurre en la Semana Santa, aunque no puedan estar físicamente en la calle», sentencia.










