Ni todos ni siempre: estos son los monarcas de España que no reposan en el Panteón de Reyes de El Escorial

El Monasterio de El Escorial es conocido como el gran panteón de los reyes que han gobernado España desde el siglo XVI. Sin embargo, no todos los huesos de las testas coronadas acabaron allí: la historia dejó estas excepciones

Durante siglos se ha dado por hecho que todos los reyes de España reposan en el solemne y regio Monasterio de San Lorenzo de El Escorial. La idea vino de Felipe II quien, en el siglo XVI, tomó la decisión que marcaría para siempre la tradición funeraria de la monarquía española. Sin embargo, la historia de la Corona ha sido más compleja: algunos monarcas nunca fueron enterrados allí, otros eligieron descansar en lugares diferentes y varios ni siquiera reposan en tierras españolas.

El monasterio, levantado entre 1563 y 1584 bajo la dirección del arquitecto Juan de Herrera, fue concebido por el rey prudente como un complejo monumental que albergara palacio, basílica, biblioteca y mausoleo dinástico. De hecho, la construcción del Panteón de Reyes tenía un fuerte significado político y simbólico y se erigió con la idea de ser el lugar donde reposarían todos los reyes de España. Así, el primero en inagurar la Cripta Real fue su padre, el rey Carlos I de España (y V del Sacro Imperio Romano Germánico), que falleció en 1558 en su retiro en el Monasterio de Yuste.

Foto: madrid-leyendas-maricantina-escorial-1hms

Pero antes de la centralización de los enterramientos reales en El Escorial, los destinos funerarios de los soberanos de las antiguas dinastías hispánicas no siempre estuvieron ligados a un único panteón real, sino que sus sepulturas se repartieron por distintos enclaves de la península. Los Reyes Católicos reposan en la Capilla Real de Granada junto a su hija Juana I de Castilla y su esposo Felipe el Hermoso. Por su parte, los Reyes de Castilla fueron enterrados en el Monasterio de Santa María la Real de Las Huelgas (Burgos) o la Basílica de San Isidoro (León), mientras que algunos monarcas de la Corona de Aragón reposan para la eternidad en el Monasterio de Santa María de Poblet (Tarragona).

Cómo es la cripta del Panteón de Reyes

El Panteón de Reyes se encuentra en el subsuelo de la basílica del monasterio y es una de las estancias más impresionantes del conjunto monumental. Se trata de una cripta barroca de planta octogonal recubierta de mármoles negros y bronces dorados. Fue construida en el siglo XVII durante el reinado de Felipe IV según los planos de Juan Bautista Crescenzi y ejecutada por el arquitecto Juan Gómez de Mora.

En sus paredes se alinean un total de veintiséis sepulcros que están distribuidos en siete intercolumnios alrededor del altar central y bajo un orden cronológico de arriba hacia abajo. A la derecha del altar se sitúan los reyes que gobernaron España y, a la izquierda, las reinas consortes que fueron madres de monarcas (sin olvidarnos del único rey consorte y padre de rey). Como curiosidad, cabe resaltar que los sarcófagos donde se depositan los restos de los monarcas son sorprendentemente pequeños: apenas miden un metro de largo y unos cuarenta centímetros de ancho.

Rodrigo Quian Quiroga, neurocientífico: «Guardar un recuerdo implica reescribir conexiones neuronales»Rodrigo Quian Quiroga, neurocientífico: «Guardar un recuerdo implica reescribir conexiones neuronales»
Ver más
placeholderDisposición de las urnas reales en el Panteón de Reyes de El Escorial.
Disposición de las urnas reales en el Panteón de Reyes de El Escorial.

¿A qué se debe esto? Pues a que antes de ocupar definitivamente estas urnas funerarias, los cuerpos deben pasar por una estancia previa conocida como el pudridero real. En este pequeño recinto subterráneo, de apenas dieciséis metros cuadrados, permanecen cubiertos con cal viva durante un periodo de entre 25 y 40 años, hasta que el proceso natural de descomposición reduce los restos lo suficiente como para poder introducirlos en los pequeños depósitos mortuorios de plomo que después se colocan en los nichos de mármol, siguiendo así un austero ritual llevado a cabo por frailes de la Orden de San Agustín.

¿Quiénes están enterrados en el panteón?

Hasta la fecha, los reyes que están enterrados en la cripta son Carlos I (1500-1558), Felipe II (1527-1598), Felipe III (1578-1621), Felipe IV (1605-1665) y Carlos II (1661-1700) por parte de la dinastía de los Austrias. También reposan los monarcas de la familia Borbón: Luis I (1707-1724), Carlos III (1716-1788), Carlos IV (1748-1819), Fernando VII (1784-1833), Isabel II (1830-1904), Alfonso XII (1857-1885) y Alfonso XIII (1886-1941).

placeholder'Vista del Panteón de nuestros augustos Reyes en el Real Monasterio' pintado por Fernando Brambila en 1830. (Patrimonio Nacional)
‘Vista del Panteón de nuestros augustos Reyes en el Real Monasterio’ pintado por Fernando Brambila en 1830. (Patrimonio Nacional)

Junto a ellos, están las urnas funerarias de las reinas (y el rey) consortes que fueron madres (y padre) de reyes, a la sazón: Isabel de Portugal (1503-1539), Ana de Austria (1549-1580), Margarita de Austria (1584-1611), Isabel de Francia (1602-1644) y Mariana de Austria (1635-1696), pertenecieron al linaje de los Austrias. Por su parte, María Luisa Gabriela de Saboya (1688-1714), María Amalia de Sajonia (1724-1760), María Luisa de Parma (1751-1819), María Cristina de Borbón-Dos Sicilias (1806-1878), Francisco de Asís de Borbón (1822–1902), María Cristina de Habsburgo-Lorena (1858–1929) y Victoria Eugenia de Battenberg (1887–1969) se unen al de los Borbón.

A pesar de la estricta tradición que estipulaba que allí solo serían enterrados los consortes que engendraran a futuros monarcas, la historia ha dejado algunas excepciones bastante llamativas. Una de ellas es la de Isabel de Francia, primera esposa de Felipe IV, enterrada en el panteón pese a no haber sido madre de rey, ya que cuando murió había dejado como heredero vivo al príncipe Baltasar Carlos (1629-1649) que falleció antes que su padre. También figura Francisco de Asís de Borbón, esposo de Isabel II, el único rey consorte enterrado allí. Conocido popularmente como ‘Paquita Natillas’, dado su refinamiento y su comentada homosexualidad, históricamente siempre se ha puesto en duda que fuera el padre biológico de Alfonso XII (paternidad atribuída al capitán Enrique Puigmoltó), algo que obligó a la reina a tener una larga lista de amantes con los que engendró a toda su descendencia.

Foto: El infante Luis Fernando de Orleans y Borbón.

Otro caso singular es el de Ena de Battenberg, la esposa de Alfonso XIII, que descansa igualmente en el Panteón Real aunque no fue madre de rey. Su hijo, Juan de Borbón (1913-1993), nunca llegó a reinar. Lo haría su hijo, por expreso deseo del dictador Franco, que no podía ver ni en pintura al Conde de Barcelona. Para intentar enmendar todo este entuerto familiar, el rey emérito Juan Carlos I (1938) estipuló que las dos últimas urnas disponibles del panteón fueran reservadas para su padre y su madre, María de las Mercedes de Borbón y Orleans (1910-2000). Por expreso deseo de su hijo, y aunque nunca reinaron, se les considera reyes de iure dentro de la dinastía, y además ella sí fue madre de rey, lo que daría un argumento más sólido a su futura presencia en la cripta real.

Los Borbones que rompieron la tradición

La tradición de enterrar a los monarcas españoles en el Monasterio de El Escorial no fue seguida por todos los soberanos. Uno de los casos más destacados es el de Felipe V (1683-1746), el primer Borbón que ocupó el trono de España tras la Guerra de Sucesión (1701-1714). Nieto de Luis XIV de Francia, gobernó durante dos etapas de 1700 a 1724 y de 1724 a 1746 (tras el breve reinado de 229 días de su hijo Luis I) y antes de morir decidió romper con la costumbre instaurada por los Austrias.

placeholderDetalle de la cripta en la que se encuentran los restos de Felipe V e Isabel de Farnesio en la Real Colegiata de La Granja (Segovia).
Detalle de la cripta en la que se encuentran los restos de Felipe V e Isabel de Farnesio en la Real Colegiata de La Granja (Segovia).

El fundador de la dinastía borbónica ordenó ser momificado y enterrado en el Palacio Real de La Granja de San Ildefonso, en Segovia, una residencia levantada entre 1720 y 1723 con clara inspiración en el palacio de Versalles, lugar donde nació el monarca. Fue, sin duda, el lugar predilecto de descanso del rey, aquejado de una frágil salud mental, y de su segunda esposa, Isabel de Farnesio (1692-1766), que fue la que en realidad gobernaba el país en la sombra. Al igual que su marido, ella también eligió ser sepultada en la Real Colegiata de La Granja. Pero no son los únicos miembros de la realeza que están enterrados allí: también lo está la infanta Isabel de Borbón (1851-1931), hija de Isabel II y conocida como ‘La Chata’.

Otro monarca que tampoco quiso reposar en El Escorial fue Fernando VI (1713-1759), hijo de Felipe V y de su primera esposa María Luisa Gabriela de Saboya. Su matrimonio con Bárbara de Braganza (1711-1758), celebrado en 1729 en la catedral de Badajoz, fue uno de los raros ejemplos de amor sincero en una época en la que los enlaces reales respondían casi siempre a intereses políticos y dinásticos. Al morir la reina, sin descendencia, no le correspondía ser enterrada en el Panteón de Reyes. Por ese motivo se buscó un nuevo enclave y fue sepultada en el Convento de la Visitación de Nuestra Señora de Madrid, conocido como las Salesas Reales, que había sido fundado por ella misma pocos años antes con el objetivo de educar a jóvenes nobles.

Foto: La infanta Isabel de Borbón y Borbón, conocida popularmente como 'La Chata'.

Incapaz de superar la pérdida, el monarca se retiró al castillo de Villaviciosa de Odón, donde vivió prácticamente aislado y sumido en una profunda melancolía. Su deterioro físico y emocional fue tan acusado que murió un año después sin haberse recuperado. Profundamente marcado por el dolor, Fernando VI dejó claro que no quería ser separado de su esposa y dispuso ser enterrado junto a ella en las Salesas Reales, hoy iglesia de Santa Bárbara, en pleno centro de Madrid, donde ambos reposan desde entonces en monumentales sepulcros levantados pocos años después de su fallecimiento.

Los reyes ‘expatriados’

La historia de la monarquía española incluye también casos de reyes que no están enterrados ni en El Escorial ni siquiera en territorio español. Se trata de dos monarcas extranjeros cuyos reinados llegaron en momentos de profunda crisis política. Ambos reinados fueron breves y el pueblo los percibió como unos ‘intrusos’. Nunca fueron queridos y murieron lejos de España, lo que explica que su destino final quedara lejos del panteón real.

El primero fue José I Bonaparte (1768-1844), hermano mayor de Napoleón, que fue proclamado rey de España en 1808 tras las abdicaciones de Bayona, cuando Carlos IV y Fernando VII renunciaron a la Corona en favor del emperador francés. Su reinado coincidió con la Guerra de la Independencia (1808-1814) y su autoridad fue siempre limitada y reducida a las principales ciudades controladas por el ejército francés. Durante su breve gobierno intentó introducir reformas inspiradas en el modelo napoleónico, como la Constitución de Bayona, considerada el primer texto constitucional de la historia española.

placeholderRetratos de José I Bonaparte y Amadeo de Saboya.
Retratos de José I Bonaparte y Amadeo de Saboya.

Nunca fue aceptado por gran parte de la población y tras la derrota de las tropas francesas en la batalla de Vitoria frente al duque de Wellington, Bonaparte abandonó España en 1813 y comenzó un largo exilio que lo llevó a Francia, Suiza, Estados Unidos y Londres. Pasó sus últimos años en Florencia, donde murió a los 76 años y, posteriormente, sus restos fueron trasladados a París, donde reposan en la iglesia de Saint-Louis-des-Invalides, dentro del complejo de Los Inválidos, donde también se conserva el mausoleo del ‘Emperador de los franceses’.

El segundo rey enterrado fuera del país es Amadeo I de Saboya (1845-1890), elegido monarca por las Cortes en 1870 tras la revolución que había destronado a Isabel II dos años antes. Hijo del rey Víctor Manuel II de Italia, llegó a España con apenas 25 años y con la intención de consolidar una monarquía parlamentaria. Sin embargo, la inestabilidad política, la división entre los partidos, la guerra carlista y la falta de apoyos acabaron con su reinado. Gobernó poco más de dos años, entre 1871 y 1873, antes de abdicar alegando que España era un país prácticamente ingobernable. Regresó a Italia donde retomó su vida como Duque de Aosta. Falleció en Turín a causa de una bronconeumonía a los 44 años, siendo enterrado en la Basílica de Superga, a las afueras de la ciudad, en el panteón de la casa de Saboya.

Murieron en el exilio, pero reposan en El Escorial

La historia del Panteón de Reyes también incluye a varios monarcas que murieron lejos de España pero cuyos restos terminaron regresando al monasterio. Uno de los primeros casos fue el de Carlos IV y su esposa María Luisa de Parma, que pasaron sus últimos años en el exilio tras el triunfo de Bonaparte. Ambos se instalaron en Roma bajo la protección del papa Pío VII y vivió en el Palazzo Barberini, donde llevaron una vida tranquila tras haber sido apartados del trono. María Luisa falleció el 2 de enero de 1819 y, apenas diecisiete días después, el 19 de enero murió también Carlos IV. A pesar de haber fallecido en Italia, los cuerpos de ambos monarcas fueron trasladados finalmente al Escorial.

Algo parecido ocurrió con Isabel II y su esposo, Francisco de Asís de Borbón. El matrimonio estuvo marcado desde el principio por la falta de convivencia real y por una relación prácticamente inexistente, lo que llevó a que ambos hicieran vidas separadas durante décadas. Tras la Revolución de 1868, conocida como “La Gloriosa”, que destronó a Isabel, la reina se instaló definitivamente en París, donde vivió gran parte de su largo exilio. Francisco de Asís murió en 1902 en Épinay-sur-Seine, en las afueras de la capital francesa, mientras que Isabel II falleció dos años después, el 9 de abril de 1904, en el palacio de Castilla de París. Ambos fueron trasladados a España y enterrados finalmente en el Panteón de Reyes.

El último gran episodio de este tipo lo protagonizaron Alfonso XIII y Victoria Eugenia, que abandonaron España tras la proclamación de la Segunda República el 14 de abril de 1931. El exilio marcó el final de su matrimonio, ya muy deteriorado, y ambos vivieron separados durante años. Alfonso XIII murió en Roma el 28 de febrero de 1941, tras abdicar poco antes en favor de su hijo don Juan, y fue enterrado en la iglesia de Santa María de Montserrat de los Españoles. No fue hasta 1980, ya reinando su nieto Juan Carlos I, cuando sus restos fueron repatriados a España y trasladados al Panteón de Reyes de El Escorial. Algo similar ocurrió con Ena, que falleció en Lausana (Suiza) en 1969. Sus restos permanecieron allí hasta 1985, cuando fueron trasladados al monasterio, donde hoy reposan junto a los de su marido dentro de la histórica cripta real.

El problema de espacio en el Panteón de Reyes

En la actualidad el Panteón Real está al límite de su ocupación. De los veintiséis sarcófagos de mármol, veinticuatro ya están ocupados y los otros dos están reservados para enterrar a los padres del rey Juan Carlos I. Cuando se produzca el traslado definitivo de don Juan de Borbón y de María de las Mercedes de Borbón y Orleans desde el pudridero real, la cripta quedará ocupada por completo.

Esta situación abre el debate sobre el futuro de los enterramientos de los soberanos españoles, incluidos el propio rey emérito y su hijo, el actual rey Felipe VI (1968) y sus respectivas esposas, Doña Sofía (1938) y Doña Letizia (1972). Desde hace años se barajan distintas soluciones. Una de ellas plantea construir una nueva cripta subterránea conectada con la actual, un proyecto que incluso llegó a tener planos preliminares en Patrimonio Nacional pero, por el momento, es un tema archivado en un cajón en la Zarzuela.

Con el Panteón de Reyes al completo, ahora se plantea una solución para el enterramiento de los siguientes monarcas españoles

La decisión final corresponderá a Felipe VI o a las generaciones inmediatas de la monarquía española, que deberán determinar cómo se resolverá el problema del espacio en el mausoleo real. Mientras tanto, el monasterio de El Escorial continúa siendo el gran símbolo funerario de la Corona de España, aunque su historia demuestra que no todos los reyes acabaron descansando intra muros.