La confesión del Papa a un cura extremeño: «Hago la oración de Juan XXIII: ´Señor, me voy a dormir. La Iglesia es tuya; cuida Tú de ella´. Y duermo»

León XIV recibió en el Vaticano al sacerdote César Caro, que lleva once años de misionero en Perú, y pocos días después le nombró administrador apostólico del Vicariato San José del Amazonas

«De pronto me doy cuenta de que no le he preguntado cómo se encuentra él.

– ¿Y usted cómo está?

– ¿Tú cómo me ves?

– Yo le veo bastante bien; tranquilo

– Sí, estoy tranquilo. Casi cada día hago la oración de Juan XXIII, ¿la conoces? Dice: ´Señor, yo me voy a dormir. La Iglesia es tuya; cuida Tú de ella´. Y duermo».

La curiosa anécdota ocurrió en el Vaticano el pasado 26 de enero a las 9 de la mañana, durante la visita ad limina de los obispos del Perú. Entre ellos se encontraba César Luis Caro, un sacerdote de Mérida (Badajoz) que lleva once años como misionero en el país andino. ¿Cómo había llegado este cura emeritense a sentarse frente a frente con León XIV? «La explicación es simple», ha desvelado el propio sacerdote en un testimonio publicado en su blog, que también ha recogido el semanario de la archidiócesis de Mérida-Badajoz. «Mi obispo, monseñor Javier Travieso, había solicitado audiencia y se la habían concedido. Como él no pudo ir a Roma a la visita ad limina de los obispos del Perú, yo le reemplacé; y también en esta audiencia, a la que me permitieron ir en su lugar», prosigue.

Caro detalla «ese momento único en mi vida: mi audiencia privada con el Papa León», y lo hace empleando numerosos peruanismos: «Así que acá estoy, esperando nomás a que me digan que pase». «La ceremonia de la audiencia exige una etiqueta que, al parecer, yo no cumplo: el monseñor asistente me hace notar que no llevo sotana. Le explico que en mi selva no tanto la usamos por el calor, y al ver que hablo español, se relaja -es argentino- y entablamos una breve conversa que me apacigua», prosigue el misionero extremeño. «Hemos tenido dificultades porque ha venido usted y no su obispo, pero ya se clarificó y solo hay que aguardar un poco más», le anuncia el prelado.

Un regalo desde la Amazonía

«Por fin se abre la puerta y paso. Detrás está León, le estrecho la mano, me coloco a su lado y el fotógrafo nos saca varias fotos parados juntos. Luego le entrego su regalo, un pequeño bufeo en madera de palisangre, un pedacito de Amazonía. Me parece más alto que la última vez que lo vi, le llamo ‘Papa León’ y en seguida nos quedamos solos, sentados a ambos lados de su escritorio», relata el sacerdote emeritense. «Cuando le he mencionado la reclamación por mi indumentaria, me responde: ‘No te preocupes, son las cosas de acá‘», asegura Caro.

César Caro con el Papa León XIV

César Caro con el Papa León XIV

El Santo Padre preguntó por la salud de su obispo y, «a partir de ahí, yo hablo mucho y él escucha mucho, intercalando de vez en cuando alguna pregunta». «Y le cuento la situación del Vicariato y la Amazonía, los problemas que sufrimos (las economías ilegales, la deforestación, la pobreza extrema, las violaciones de los derechos humanos, la invasión de las dragas, etc.), cómo tratamos de acompañar a los pueblos indígenas, las necesidades que tenemos, que nos faltan misioneros, que la economía es inestable, las distancias enormes…», enumera el sacerdote español.

«Mirada clara, apacible, perspicaz»

César Caro define al Papa como un hombre «discreto, silencioso, prudente, experto en escuchar». «Me hace algunas preguntas acerca de mí: de dónde soy, si soy religioso o diocesano, cuántos años llevo en el Vicariato y en el Perú, en qué lugares he trabajado… Su mirada clara, apacible, perspicaz. Le recuerdo que nos conocimos enIndiana y me ubica en aquel día de fiesta y viaje; algunas de las historias que van saliendo le arrancan sonrisas, y en un momento dado, a algo que yo digo él responde con un ‘Madre mía’», prosigue el sacerdote.

Fue entonces cuando Caro reparó en que no le había preguntado al Papa por cómo se encontraba él, a lo que León respondió con la anécdota de San Juan XXIII y su capacidad para dejar todo en manos de Dios, que es quien realmente rige la Iglesia. «El tiempo (¡25 minutos!) se ha pasado volando, me he sentido muy cómodo, sereno y confiado, he abierto mi corazón con total sinceridad. Y yo conmocionado, abrumado, agradecido, estremecido, maravillado», concluye el misionero.

El estremecimiento y la abrumación le debieron tornar a los pocos días. El pasado 4 de febrero, la Nunciatura Apostólica en Perú hizo público que el Papa León XIV le había nombrado administrador apostólico del Vicariato Apostólico al que pertenecía –el de San José del Amazonas–, después de aceptar la renuncia al gobierno pastoral de monseñor José Javier Travieso Martín, C.M.F., también extremeño, natural de Don Benito.