Los jefes de Gobierno de España e Israel comparecen en sendas citas electorales erizadas de dudas y polémicas
Algunos camareros de los animados restaurantes del mercado Manaheh Yehuda, eje dinámico de la noche de Jerusalén, atienden las mesas con la pistola al cinto. Pegada al coxis, prendida al cinturón. Son chavales que vienen de la guerra, movilizados apenas han terminado el instituto y convertidos ya en expertos combatientes. Pueden llevar armas, saben manejarlas, seguramente ya las han usado en combate.
Israel no es el mismo país desde hace tres años, cuando seis mil terroristas de Hamás, acompañados de una ingente bandada de saqueadores, se adentraron en territorio israelí a las 6,30 de la mañana del 7 de octubre, arrasaron una veintena de kibutzs, asesinaron cientos de jóvenes en el festival Nova y se llevaron decenas de rehenes que intercambiaron tiempo después por un larga nómina de alimañas.
El milagro de Mazal
Remontarse al sadismo de Calígula para describir los horrores perpetrados por los invasores resulta un ejercicio frecuentado por los analistas, aunque quizás se quede corto. Los vídeos de las torturas y el rabioso ensañamiento con niñas, bebés, ancianos, reflejan lo estremecedor de la barbarie, tantas veces descrita y muy poco recordada. Mazal, hermosa belleza etíope de 36 años, madre de un chico de doce, sobrevivió de milagro al infierno de Nova. Se hizo la muerta entre carreras, gritos, llantos desesperados, disparos, terror. Un fuerte golpe en la nuca le ensangrentó la cabeza y le salvó la vida. Las fieras palestinas la tomaron por un cadáver más entre la espantosa cosecha de cuerpos esparcida por todos los rincones. Mazal mascó arena durante dos horas sin mover un músculo, sin poder apenas respirar y luego, a rastras, se coló bajo el asiento de un vehículo ametrallado mientras las bestias pasaban a su lado una y otra vez. “Rezaba y rezaba, fue un milagro», comenta mientras muestra el memorial de fotos y nombres que testimonian aquel jornada de infierno.
Aquel huracán de violencia dejó en shock a la única democracia que pervive entre Chipre y la India, una excepción en 5.000 kilómetros rodeada de regímenes fanáticos y corruptos. Nada tan brutal desde el derribo del Segundo templo de Jerusalén por el emperador Tito, comentaba Henrique Cymermann, veterano periodista israelí. Desde ese día, esta nación se tambalea como un boxeador sonado que intenta ponerse en pie, recuperar el equilibrio y hasta el orgullo perdido. El ejército más tecnológicamente avanzado del planeta, el de la cúpula de hierro que derriba los misiles iraníes como si fueran globos de feria, el del legendario Mossad, sufrió un zarpazo feroz e inasumible. “Hemos fracasado”, reconoce una alta fuente militar. “Fuimos arrogantes, la forma en la que hicimos frente a nuestros enemigos fue equivocada. Necesitaremos al menos una generación para recuperarnos».
El ejército llegó tarde
Los terroristas se colaron en la zona más vigilada de Oriente Medio como si fueran de excursión. Decenas de ellos viven a escasos metros de allí, al otro lado de la frontera. Llegaron en pickups, motocicletas, jeeps, parapentes, caminando. Muchos de ellos apenas tuvieron que desplazarse unos metros. Las Fuerzas de Defensa israelíes aparecieron muy tarde. ¡Como doce horas! “Con que hubieran llegado cuatro helicópteros los habrían frenado”, comenta la alcaldesa de un kibutz masacrado. No se hizo. Más de 1.400 asesinados y 251 rehenes, entre ellos 30 niños.
Israel está en vísperas de unas elecciones inciertas, una campaña electoral en la que poco se habla de economía o vivienda. El nombre del juego es sobrevivir. El 7 de octubre lo inunda todo. Netanyahu, 18 años en el poder, pretende continuar. Tiene enfrente a Gadi Eisenkot, ex jefe del Estado Mayor que perdió a un hijo militar en Gaza. Defiende la ‘doctrina Dahiyet’ contra el terrorismo, una respuesta militar desproporcionada ante cualquier ataque. Tú me lanzas un misil, yo te devuelvo quinientos. Sin miramientos, sin contemplaciones.
La demoscopia no despeja las dudas sobre lo ocurrirá este martes en las urnas. Como en España, todo dependerá de las coaliciones. Un pulso entre bloques. Benjamin Netanyahu, conocido como Bibi, no dudará en recurrir a los grupos ultraortodoxos, los religiosos que no cogen un fusil ni aunque les aspen. El general Eisenjkot, de escaso carisma y origen marroquí, podría sumar a los partidos árabes. Reprocha en sus mítines la desidia y torpeza de Netanyahu durante la masacre. La tragedia del 7 de Octubre decidirá el resultado de las urnas.
Por primera vez los israelíes se pronunciarán sobre el peor momento de su historia reciente. El bloque opositor ofrece un perfil centrista, incluso con aderezos izquierdistas y actitudes moderadas, algo que no cotiza al alza en la dolorida sociedad judía, en su noche más oscura. Es la izquierda la que ha resultado mortalmente herida por el zarpazo de Hamás. Sus prédicas de reconciliación con los hermanos de Gaza sojuzgados por Hamás, sus invocaciones al diálogo y a la paz quedaron sepultadas en la orgía de sangre y horror de la explanada de Nova.
Ya nadie canta Imagine en los mítines. Los israelíes coinciden, ahora sí,en un punto indiscutible: hay que exterminar a Hamás y derrocar al régimen iraní. No hay otra salida. “Quieren exterminarnos, arrojarnos al mar, no tenemos otro sitio donde ir, no hay plan B para Israel”, dice Iamar Marcus, del Palestinian Media Watch. O sea, lo que predica Netanyahu desde hace años ante la repulsa internacional y cierta incomprensión nacional. Pedro Sánchez surge episódicamente en las conversaciones. Es el dirigente occidental más despreciado por los israelíes, de todos los colores, de todas las tendencias. Los gobiernos de Irlanda y España se disputan el liderazgo mundial en la carrera antisemita. La proximidad de las elecciones españolas anima a algunos analistas a trazar circunstanciales paralelismos entre ambos jefes de Gobierno. Populistas al cabo, incurren en vicios comunes, al margen de sus enormes distancias tan evidentes.
-El Ejecutivo de Bibi desprecia al legislativo, lo ignora, abusa de los desplantes y apenas le otorga un papel meramente testimonial.
-No concede entrevistas, no ofrece ruedas de prensa, solo declaraciones sin preguntas y algún encuentro con medios públicos favorables.
-Su imagen internacional es espantosa, lo que no le preocupa, casi le anima. Ahí está Washington.
-Son continuos sus ataques al poder judicial al que hostiga y zahiere. Al presidente de la Corte Suprema ni siquiera le invita a actos oficiales. Ha arrasado con la independencia de buena parte de los contrapoderes institucionales.
-Tiene tres causas judiciales pendientes, dos por fraude y abuso de confianza y otro por favores a un empresario de comunicación. Acaba de rechazar una decisión del Supremo sobre el consejo regulador de una televisión privada. “Los jueces no están por encima del Gobierno”. Bibi no cree demasiado en las leyes.
-Su esposa Sara, exazafata, también ha tenido algunos percances en los tribunales acusada de malversación de fondos públicos. Es presencia frecuente en los medios y en las polémicas.
Bibi, como también Pedro, insiste en sus mítines en que necesita tiempo para concluir todos los proyectos que tiene en marcha y que salvarán al país. El electorado de momento, aparee indeciso. “Dieciocho años son demasiados”, se escucha en las calles de Tel Aviv. Entonces surge el 7 de Octubre y las posibilidades de un batacazo de Netanyahu se reducen. Quizás Bibi supere la prueba. Pedro aparece más atascado. Dos populistas a la espera del juicio de las urnas.
El 50 por ciento de los diez millones de israelíes tiene menos de 30 años. Jóvenes formados, preparados, estudiados, crecidos en la libertad. Basta con darse una vuelta nocturna por las bulliciosas calles de Lev Air, el céntrico barrio de Tel Aviv con sus toques Bauhaus, desbordadas de un estrepitoso bullicio, una vitalidad contagiosa, para adivinar dónde está el futuro. No, con esta gente no podrán. Los bárbaros no conseguirán arrancar sus amapolas.










