Varios estudios demuestran que sí existe el sufrimiento de las mujeres que acuden al abortorio para acabar con la vida de su bebé
Cuando Pedro Sánchez llegó a la Presidencia, la cultura de la muerte pasó a acaparar todos sus intereses. Aprobaron la eutanasia en uno de los momentos más vulnerables de todos los españoles: el coronavirus. Meses después, empezó a resonar la palabra aborto. A día de hoy, estas dos políticas contrarias a la vida han ido ganando fuerza. De ello se ha encargado la médico y ministra de Sanidad, Mónica García, quien, durante la presentación de la campaña del aborto, y tras ser preguntada por El Debate si el feto sufre en el momento de matarlo, la madre de tres hijos señaló que «no hay evidencia» y que, además, a las mujeres «tampoco les causa ningún trauma».
Sus palabras han vuelto a abrir el debate público sobre el aborto y, en particular, sobre las consecuencias físicas y psicológicas de esta práctica, así como sobre el propio desarrollo del feto durante la gestación. Pero, ¿qué dice la evidencia científica sobre estas dos cuestiones?
En primer lugar, atendiendo a un estudio publicado por el investigador Paul Sullins, se demuestra que sí existe el sufrimiento de las mujeres que acuden al abortorio para acabar con la vida de su bebé. De hecho, la prevalencia del síndrome postaborto ha persistido en las mujeres décadas después de someterse a estas operaciones quirúrgicas. Esto avala la opinión del Grupo de Ginecólogos Jérôme Lejeune, quienes pidieron información «veraz» y «transparente» después de que el Ministerio de Igualdad de Ana Redondo afirmase que el síndrome postaborto no existe «al no estar avalado por la ciencia».
Tal como señala la investigación de Collins, el 29 % de las pacientes expresó emociones negativas significativas. Mientras que el 92 % expresó alivio y el 95 % consideró que esta práctica había sido la decisión correcta. Por otro lado, el 59 % notificó sentimiento de culpa, el 38 % arrepentimiento y el 29 % enfado, específicamente por el aborto. De hecho, el porcentaje de quienes expresaron tristeza (65 %) por el aborto fue mayor que el de quienes expresaron felicidad (55 %).
En cuanto a problemas de salud mental más graves, el 21 % presentó indicios de depresión y el 15,4 % de trastorno de ansiedad. Según la prueba de detección de trastorno por estrés postraumático en atención primaria, el 39 % reportó estos signos una semana después del aborto, y el 16 % reportó tres o más síntomas. Esto afirmó el riesgo elevado que existe de sufrirlo.
Otro estudio, publicado por el mismo investigador, y que ha analizado a 667 mujeres de 30 clínicas abortivas, demostró que más de 14 millones de féminas sufren «una grave» angustia emocional tras acabar con la vida de su hijo.
Los resultados apuntaron a una realidad que contradice la idea del aborto como solución al malestar provocado por un embarazo no deseado: en 2022, más de 14 millones de mujeres estadounidenses experimentaron el denominado síndrome postaborto, entre ellas 7,5 millones con síntomas graves. Para los investigadores, el aborto provocado no logró cumplir el objetivo de aliviar el estrés asociado a estos embarazos y, como estrategia terapéutica, «no tuvo éxito».
En cuanto al nasciturus, existen diferentes ensayos avalados por la ciencia que demuestran que sí siente dolor aunque no pueda comunicarlo.











