Moncloa pide la hora por Vicente Vallés

«Confía en que lleguemos pronto a la prórroga del mes de agosto, España se vaya de vacaciones y en los penaltis de septiembre Dios dirá»

La selección argentina –lo reconocen muchos argentinos– saltó al estadio de Nueva York este pasado domingo a dejar pasar el tiempo, con el objetivo de forzar la prórroga y empatarla. Consideraban con buen criterio que, dada la superior calidad de la selección española, su única opción de ganar la Copa del Mundo era encomendarse a la lotería de la tanda de penaltis. Pudieron conseguirlo, pero no lo consiguieron, porque la verdad se impuso. Y la verdad en el Mundial es que los mejores vestían de rojo.

Pedir la hora es en lo que está Moncloa. Confía en que el tiempo pase rápido, lleguemos pronto a la prórroga del mes de agosto, España se vaya de vacaciones –incluidos los jueces–, y en los penaltis de septiembre Dios dirá.

A la condena del ex fiscal general del Estado, Álvaro García Ortiz; a la de José Luis Ábalos y Koldo García; a la sentencia contra el hermano del presidente y al próximo juicio con jurado popular a la esposa del presidente, ahora se une el cambio de estrategia de los dos Julios Martínez del caso Plus Ultra, que ponen a José Luis Rodríguez Zapatero al límite del abismo. El gran apoyo político de Pedro Sánchez tenía poca escapatoria después de su nada beneficiosa declaración ante el juez Calama hace un mes. Pero ahora, los testimonios de otros acusados dejan muy poco margen al expresidente del Gobierno.

Cuando fue imputado, tenía varias opciones. Si estaba convencido de su inocencia y en condiciones de desmontar los indicios acusatorios, Zapatero habría elegido a un abogado especializado en conseguir absoluciones, mediante la demostración de que esos indicios son falsos. Si, por el contrario, Zapatero se sabía culpable, podía haber optado por un abogado que facilitara un pacto con la fiscalía, para rebajar lo más posible su condena, como hizo Aldama y como ahora han hecho los Julios. Pero Zapatero ha elegido a un juez procesalista, especializado no en evidenciar su inocencia, sino en buscar la nulidad de las actuaciones judiciales.

Y, ciertamente, esa es la única salida que le queda. Pero esa salida es cada vez más angosta. Ni con prórroga y penaltis.