El científico aragonés Carlos López Otín recibe la primera Medalla de Oro Cajal en reconocimiento a su trayectoria: «Esto es de lo mejor que me ha pasado en la vida»

El investigador aragonés Carlos López Otín ha recibido la primera Medalla de Oro Cajal en reconocimiento a su trayectoria y su impacto internacional en el ámbito de la biomedicina dentro de los actos organizados por la Universidad de Zaragoza en el ‘Día de Cajal’, con el que quiere recordar el vínculo del Nobel con la institución de la que fue alumno y profesor.

El oscense ha dicho que se trata de un premio que es «de lo mejor» que le ha pasado en la vida «personal y profesionalmente», según ha expresado antes de recibir el galardón, al tiempo que se ha mostrado «muy emocionado» porque es algo que se quedará en su recuerdo. López Otín ha señalado que siempre ha vivido el nombre de Ramón y Cajal como algo «muy grande», porque ha sido «un referente absoluto y máximo junto a Severo Ochoa», por lo que ha agradecido a la Universidad de Zaragoza este reconocimiento que permite al «adeneista de Sabiñánigo», en referencia a él mismo, abrazarse con «el gran anatomista del mundo», al que él llama «el titán de Larrés», en alusión a la población perteneciente al término municipal de Sabiñánigo de la que eran oriundos los padres del Nobel y en la que pasó su infancia.

«El talento es el bien mejor repartido del planeta y no hace falta ganar el Nobel, sino explorar la curiosidad«, ha valorado López Otín, quien ha incidido en que por ello la Universidad de Zaragoza forma parte de su «esencia» y en que, al final, lo que queda es «la curiosidad y el afán de compartir».

Y con esa filosofía se dedica desde hace unos meses, tras dejar la Universidad de Oviedo y La Sorbona, «a lo esencial», que es «pensar y escribir artículos científicos», el último la pasada semana, un sexto libro al que puso el punto final «ayer», además de dirigir una tesis en Arquitectura en la Politécnica de Valencia y participar en la resolución de casos clínicos con pacientes únicos con problemas de salud «muy graves».

El bioquímico Carlos López Otín es felicitado por el profesor aragonés Mateo Valero, este martes en el Paraninfo.

El bioquímico Carlos López Otín es felicitado por el profesor aragonés Mateo Valero, este martes en el Paraninfo. / EFE / Javier Cebollada

Para la rectora de la Universidad de Zaragoza, Rosa Bolea, el Día de Cajal es «un día grande con mayúsculas» para recordar y homenajear al «alumno por excelencia» de la institución, que fue «su cuna». En esta jornada se han presentado también los resultados de la Ayuda Cajal 2002 concedida a Maialen Sebastián de la Cruz con el trabajo La memoria del ARN: un nexo entre infecciones virales y autoinmunidad y la donación de seis facsímiles de láminas originales diseñadas por Ramón y Cajal en torno a 1900 por parte de su sobrino bisnieto Pedro Ramón y Cajal Agüeras.

Éste ha destacado que «más que generosidad es agradecimiento a la Universidad de Zaragoza», a la que su familia «se lo debe todo», a ella, y a Justo Ramón, el padre del Nobel, que aprendió a leer y escribir solo, fue pastor de ovejas y mancebo de barbero y fue andando desde Zaragoza hasta Barcelona para estudiar y acabar licenciándose en Medicina.

«A don Justo le debemos seis generaciones de universitarios en la familia», que ha dado a la universidad seis catedráticos de medicina, cuatro de ellos docentes en la de Zaragoza, y 21 doctores en medicina, entre otras especialidades, ha destacado Pedro Ramón y Cajal, letrado, quien se siente «muy orgulloso». De su antepasado aprendió «el esfuerzo y el dominio de la voluntad para ser el propio escultor de tu cerebro», ha resaltado.

Nuevos facsímiles para el Espacio Cajal del campus público

Los facsímiles que ha donado son reproducciones de láminas originales diseñadas por Santiago Ramón y Cajal que se conservan en la Complutense, restauradas y digitalizadas en alta resolución, que ilustran el trabajo neuroanatómico del Nobel y que pasarán a formar parte del Espacio Cajal de la Universidad de Zaragoza. Ha explicado que se han hecho tres juegos de facsímiles: uno que se encuentra en Alcalá de Henares, otro en la Universidad de Zaragoza y un tercero en la casa familiar del número 12 de la calle Costa de la capital aragonesa, en la que aparece el escudo de medicina elaborado en la primera décadas del siglo XX.

Pedro Ramón y Cajal ha aludido además a una exposición de 2018 en el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) con 80 dibujos originales de Ramón y Cajal que destacaba que en el siglo XIX hubo tres hombres que hicieron grandes aportaciones: Darwin, Pasteur y Ramón y Cajal, por lo que ha incidido en que se siente «orgulloso» de su antepasado y que es «una brillante idea» que sea «icono» de la Universidad de Zaragoza y de Aragón.

Por su parte, el director del Barcelona Supercomputing Center, Mateo Valero, que ha impartido la VII Lección Cajal con el bajo el título ‘Supercomputación, inteligencia artificial, chips y autonomía europea’, se ha referido a López Otín como su «ídolo» y el «mejor investigador aragonés vivo» que merece la Medalla de Oro.