La Pasión de Cristo vista por los Padres de la Iglesia

Desde los albores del cristianismo, la Pasión de Cristo ha ocupado un lugar central en la reflexión cristiana, convirtiéndose en una fuente inagotable de vida espiritual.

Álex Navajas
Álex Navajas

Los Padres de la Iglesia, testigos privilegiados de los primeros tiempos de la fe, vieron en cada paso hacia la Cruz no solo un relato histórico, sino también un profundo misterio de redención, donde el amor de Dios y la salvación de la humanidad se manifiestan con fuerza.

El prendimiento

El prendimiento, Judas lo besa; los soldados y guardias del templo arrestan a Jesús con antorchas y armas

«Todavía no había llegado su hora, no la hora en que se viese forzado a morir, sino la hora en que se dignase ser muerto. Pues bien sabía Èl cuándo debía morir; tiene presentes todas las profecías que se referían a Èl y esperaba su pleno cumplimiento antes de iniciar su pasión. Y una vez cumplidas todas las profecías, entonces tendría lugar también la pasión, de acuerdo con el orden establecido, y no en base a una fatal necesidad.

Escuchad sino y podréis comprobarlo por vosotros mismos. Entre otras cosas profetizadas de Èl, estaba escrito: En mi comida me echaron hiel, para mi sed me dieron vinagre. Cómo se cumplió esto, lo sabemos por el evangelio. Primero le dieron hiel: la aceptó, la probó, pero no quiso beberla; más tarde, colgado ya de la Cruz, para que se cumpliera la Escritura, dijo: Tengo sed. Cogieron una esponja empapada en vinagre, la sujetaron a una caña, y se lo acercaron al crucificado. Jesús, cuando tomó el vinagre, dijo: Está cumplido. ¿Qué significa está cumplido? Que se han realizado todas las cosas profetizadas antes de su pasión. Por tanto, ¿qué hago yo aquí ya? Y efectivamente, una vez que hubo dicho: ‘Está cumplido’, inclinando la cabeza, entregó el espíritu».

San Agustín

La flagelación

La flagelación, Jesús atado a una columna y azotado por soldados romanos

«Realmente su pasión saludable abatió a los principados y triunfó sobre los dominadores del mundo y de este siglo, liberó a todos de la tiranía del diablo y nos recondujo a Dios. Sus cicatrices nos curaron y, cargado con nuestros pecados, subió al leño; y de este modo, mientras Èl muere, a nosotros se nos mantiene en la vida, y su pasión se ha convertido en nuestra seguridad y muro de defensa. El que nos ha rescatado de la condena de la ley, nos socorre cuando somos tentados. Y para consagrar al pueblo con su propia sangre, murió fuera de la ciudad.

Por eso, repito, la pasión de Cristo, su preciosa Cruz y sus manos taladradas se traducen en seguridad, en muro inaccesible e indestructible para quienes creen en Èl. Por lo cual dice justamente: Mis ovejas escuchan mi voz y me siguen, y yo les doy la vida eterna. Y también: Nadie puede arrebatarlas de la mano de mi Padre. Y esto porque precisamente viven a la sombra del Omnipotente, protegidas por la ayuda divina como en una torre fortificada.

Desde el momento, pues, en que Dios Padre nos sostiene casi con sus manos, custodiándonos junto a Èl, sin permitir que seamos inducidos al mal o que sucumbamos a la malicia de los malvados, ni ser presa de la violencia diabólica, nada nos impide comprender que las murallas de Sion designadas por sus manos, signifiquen a los expertos en el arte espiritual que, poseídos por la gracia, se dan a conocer en el testimonio de la virtud».

San Cirilo de Alejandría

La coronación de espinas

La coronación de espinas, Los soldados lo revisten burlonamente como «rey»

«’Cúmplase tu voluntad en la tierra como en el cielo‘. No en el sentido de que Dios haga lo que quiere, sino en cuanto nosotros podamos hacer lo que Dios quiere. Pues ¿quién puede estorbar a Dios de que haga lo que quiera? Pero porque a nosotros se nos opone el diablo para que no esté totalmente sumisa a Dios nuestra mente y vida, pedimos y rogamos que se cumpla en nosotros la voluntad de Dios: y para que se cumpla en nosotros, necesitamos de esa misma voluntad, es decir, de su ayuda y protección, porque nadie es fuerte por sus propias fuerzas, sino por la bondad y misericordia de Dios. En fin, también el Señor, para mostrar la debilidad del hombre, cuya naturaleza llevaba, dice: Padre, si puede ser, que pase de mí este cáliz (Mt 26,39)».

San Cipriano

1. Jesús es condenado a muerte

1. Jesús es condenado a muerte

¿Hay algo tan eficaz como el recuerdo del Crucificado para destruir el pecado, crucificar los vicios, nutrir y robustecer la virtud?

Hable, pues, Pablo entre los perfecto una sabiduría misteriosa, escondida; hábleme a mí, cuya imperfección perciben hasta los hombres, hábleme de Cristo crucificado, necedad ciertamente para los que están en vías de perdición, pero para mí y para los que están en vías de salvación es fuerza de Dios y sabiduría de Dios; para mí es una filosofía altísima y nobilísima, gracias a la cual me río yo de la infatuada sabiduría tanto del mundo como de la carne.

¡Cuán perfecto me consideraría, cuán aprovechado en la sabiduría si llegase a ser por lo menos un idóneo oyente del crucificado, a quien Dios ha hecho para nosotros no sólo sabiduría, sino también justicia, santificación y redención! Si realmente estás crucificado con Cristo, eres sabio, eres justo, eres santo, eres libre. ¿O no es sabio quien, elevado con Cristo sobre la tierra, saborea y busca los bienes de allá arriba? ¿Acaso no es justo aquel en quien ha quedado destruida su personalidad de pecador y Èl libre de la esclavitud al pecado? ¿Por ventura no es santo el que a sí mismo se presenta como hostia viva, santa, agradable a Dios? ¿O no es verdaderamente libre aquel a quien el Hijo liberó, quien, desde la libertad de la conciencia, confía hacer suya aquella libre afirmación del Hijo: Se acerca el Príncipe de este mundo; no es que Èl tenga poder sobre mí? Realmente del Crucificado viene la misericordia, la redención copiosa, que de tal modo redimió a Israel de todos sus delitos, que mereció salir libre de las calumnias del Príncipe de este mundo.

Que lo confiesen, pues, los redimidos por el Señor, los que Èl rescató de la mano del enemigo, los que reunió de todos los países; que lo confiesen, repito, con la voz y el espíritu de su Maestro; Dios me libre de gloriarme si no es en la Cruz de nuestro Señor Jesucristo.

Beato Gerrico de Igny, abad

2. Jesús carga con la Cruz

2. Jesús carga con la Cruz

«Entregado el Señor a la voluntad de sus enemigos, se le obligó a llevar el instrumento de su suplicio para burlarse de su dignidad real. Así se cumplió lo predicho por el profeta Isaías, cuando dice: Un niño nos ha nacido, un hijo se nos ha dado: lleva a hombros el principado. Pues que el Señor saliera llevando el leño de la Cruz —ese leño que había de convertirse en cetro de su soberanía—, era a los ojos de los impíos ciertamente objeto de enorme humillación, pero que aparecía a los ojos de los fieles como un gran misterio. Pues este gloriosísimo vencedor del diablo y potentísimo debelador de los poderes adversos, llevaba muy significativamente el trofeo de su triunfo, y cargaba sobre los hombros de su invicta paciencia el símbolo de la salvación, digno de ser adorado por todos los reinos; se diría que, en aquel momento, con el espectáculo de su comportamiento, quería confirmar y decir a todos sus imitadores: El que no toma su Cruz y me sigue, no es digno de mí

San León Magno, Papa

3. Jesús cae por primera vez

3. Jesús cae por primera vez

El que nos ha rescatado de la condena de la ley, nos socorre cuando somos tentados. Y para consagrar al pueblo con su propia sangre, murió fuera de la ciudad.

Por eso, repito, la pasión de Cristo, su preciosa Cruz y sus manos taladradas se traducen en seguridad, en muro inaccesible e indestructible para quienes creen en Èl. Por lo cual dice justamente: Mis ovejas escuchan mi voz y me siguen, y yo les doy la vida eterna. Y también: Nadie puede arrebatarlas de la mano de mi Padre. Y esto porque precisamente viven a la sombra del Omnipotente, protegidas por la ayuda divina como en una torre fortificada.

Desde el momento, pues, en que Dios Padre nos sostiene casi con sus manos, custodiándonos junto a Èl, sin permitir que seamos inducidos al mal o que sucumbamos a la malicia de los malvados, ni ser presa de la violencia diabólica, nada nos impide comprender que las murallas de Sión designadas por sus manos, signifiquen a los expertos en el arte espiritual que, poseídos por la gracia, se dan a conocer en el testimonio de la virtud.

En consecuencia, podríamos decir que las murallas de Sión construidas por Dios, son los santos apóstoles y evangelistas, aprobados por su propia palabra, que nunca se equivoca ni se devalúa. Sus nombres están escritos en el cielo y figuran en el libro de la vida. No hemos de maravillarnos si dice que los santos son los baluartes y las murallas de la Iglesia. Èl mismo es el muro y el baluarte, como una fortaleza.

De igual modo que Èl es la luz verdadera y, no obstante, dice que ellos son la luz del mundo, así también, siendo Èl el muro y la seguridad de quienes creen en Èl, confirió a sus santos esta estupenda dignidad de ser llamados murallas de la Iglesia.

San Cirilo de Alejandría, obispo

4. Jesús se encuentra con su Madre

4. Jesús se encuentra con su Madre

«Dios entregó a María su propio Hijo, el único igual a Èl, a quien engendra de su corazón como amándose a sí mismo. Valiéndose de María, se hizo Dios un Hijo, no distinto, sino el mismo, para que realmente fuese uno y el mismo el Hijo de Dios y de María. Todo lo que nace es criatura de Dios, y Dios nace de María. Dios creó todas las cosas, y María engendró a Dios. Dios, que hizo todas las cosas, se hizo a sí mismo mediante María; y, de este modo, volvió a hacer todo lo que había hecho. El que pudo hacer todas las cosas de la nada no quiso rehacer sin María lo que había sido manchado.

Dios es, pues, el padre de las cosas creadas; y María es la madre de las cosas recreadas. Dios es el padre a quien se debe la constitución del mundo; y María es la madre a quien se debe su restauración. Pues Dios engendró a aquel por quien todo fue hecho; y María dio a luz a aquel por quien todo fue salvado. Dios engendró a aquel sin el cual nada existe; y María dio a luz a aquel sin el cual nada subsiste.

¡Verdaderamente el Señor está contigo, puesto que ha hecho que toda criatura te debiera tanto como a Èl!».

San Anselmo

5. Simón de Cirene ayuda a llevar la Cruz

5. Simón de Cirene ayuda a llevar la Cruz

«Cuando, acompañado de la multitud, se dirigía Jesús al lugar del suplicio, encontraron a un cierto Simón de Cirene, a quien cargaron con la Cruz del Señor, para que también en este gesto quedase prefigurada la fe de los paganos, a quienes la Cruz de Cristo no iba a serles objeto de confusión, sino de gloria. Por este traspaso de la Cruz, la expiación operada por el cordero inmaculado y la plenitud de todos los sacramentos pasará de la circuncisión a la incircuncisión, de los hijos carnales a los hijos espirituales. Pues la verdad es que —como dice el Apóstol— ha sido inmolada nuestra víctima pascual: Cristo; el cual ofreciéndose al Padre como nuevo y verdadero sacrificio de reconciliación, fue crucificado, no en el templo cuya misión sacral había tocado a su fin, ni dentro del recinto de la ciudad, destinada a la destrucción en mérito a su crimen, sino fuera de las murallas, para que habiendo cesado el misterio de las antiguas víctimas, una nueva víctima fuera presentada sobre el nuevo altar, y la Cruz de Cristo fuera el ara no del templo, sino del mundo».

San León Magno, Papa

6. La Verónica enjuga el rostro de Jesús

6. La Verónica enjuga el rostro de Jesús

«El sacrificio celeste instituido por Cristo constituye efectivamente la rica herencia del nuevo Testamento que el Señor nos dejó, como prenda de su presencia, la noche en que iba a ser entregado para morir en la Cruz.

Este es el viático de nuestro viaje, con el que nos alimentamos y nutrimos durante el camino de esta vida, hasta que saliendo de este mundo lleguemos a Èl; por eso decía el mismo Señor: Si no coméis mi carne y no bebéis mi sangre, no tenéis vida en vosotros.

Quiso, en efecto, que sus beneficios quedaran entre nosotros, quiso que las almas, redimidas por su preciosa sangre, fueran santificadas por este sacramento, imagen de su pasión; y encomendó por ello a sus fieles discípulos, a los que constituyó primeros sacerdotes de su Iglesia, que siguieran celebrando ininterrumpidamente estos misterios de vida eterna; misterios que han de celebrar todos los sacerdotes de cada una de las Iglesias de todo el orbe, hasta el glorioso retorno de Cristo. De este modo los sacerdotes, junto con toda la comunidad de creyentes, contemplando todos los días el sacramento de la pasión de Cristo, llevándolo en sus manos, tomándolo en la boca y recibiéndolo en el pecho, mantendrán imborrable el recuerdo de la redención».

San Gaudencio de Brescia, obispo

7. Jesús cae por segunda vez

Interior del Cenáculo en Jerusalén

«Si la carne no se salva, entonces el Señor no nos ha redimido con su sangre, ni el cáliz de la eucaristía es participación de su sangre, ni el pan que partimos es participación de su cuerpo. Porque la sangre procede de las venas y de la carne y de toda la substancia humana, de aquella substancia que asumió el Verbo de Dios en toda su realidad y por la que nos pudo redimir con su sangre, como dice el Apóstol: Por su sangre hemos recibido la redención, el perdón de los pecados.

Y, porque somos sus miembros y quiere que la creación nos alimente, nos brinda sus criaturas, haciendo salir el sol y dándonos la lluvia según le place; y también porque nos quiere miembros suyos, aseguró el Señor que el cáliz, que proviene de la creación material, es su sangre derramada, con la que enriquece nuestra sangre, y que el pan, que también proviene de esta creación, es su cuerpo, que enriquece nuestro cuerpo».

San Ireneo de Lyon, obispo y mártir

8. Jesús consuela a las mujeres de Jerusalén

8. Jesús consuela a las mujeres de Jerusalén

«¿Qué tiene que hacer, pues, el cristiano? Usar del mundo pero no servir al mundo. ¿En qué consiste esto? ‘Poseer como si no poseyera.’ (cf 1Cor 7,30) Esto es lo que dice San Pablo: ‘Digo esto, hermanos, que el momento es apremiante. Queda como solución que… los que compran, como si no poseyeran; los que negocian en el mundo, como si no disfrutaran de Èl. Porque la representación de este mundo se termina. Quiero que os ahorréis preocupaciones.’ (cf 1Cor 7,29ss) El que está libre de toda preocupación espera con seguridad la venida del Señor. Porque ¿es posible amar al Señor si se teme su venida? Hermanos míos ¿no os da vergüenza? Lo amamos ¿y tememos su venida? ¿Lo amamos de verdad, o bien amamos más nuestros pecados? Aborrezcamos, pues, nuestros pecados y amemos a aquel que ha de venir…».

San Agustín

9. Jesús cae por tercera vez

9. Jesús cae por tercera vez

«Con frecuencia el alma, fatigada por el peso de sus propias debilidades, cae en el camino; pero no por eso debe desesperar de levantarse. Pues si el justo cae siete veces, siete veces se levanta. Nuestro Redentor quiso también caer bajo el peso de la Cruz para enseñarnos que, incluso en la caída, no se pierde la esperanza, sino que se prepara la ocasión de un mayor amor.

Así, mientras Èl soporta nuestras caídas en su propio cuerpo, nos instruye para que, reconociendo nuestra fragilidad, nos levantemos con más fervor. Porque no es la caída lo que condena, sino el no querer levantarse. Y el que aprende a levantarse después de caer, ese progresa en el camino de Dios».

San Gregorio Magno, Papa

10. Jesús es despojado de sus vestiduras

10. Jesús es despojado de sus vestiduras

Mirad: un rey reinará con justicia y sus jefes gobernarán según derecho. El Verbo, Unigénito de Dios, era el Rey universal juntamente con Dios Padre y, al venir, se sometió toda criatura visible e invisible. Y si bien el hombre terreno, alejándose y desvinculándose de su reino, hizo poco caso de sus mandatos hasta el punto de dejarse enredar por la tiránica mano del diablo con los lazos del pecado, Èl, administrador y dispensador de toda justicia, nuevamente volvió a someterle a su yugo. Los caminos del Señor son efectivamente rectos.

Llamamos caminos de Cristo a los oráculos evangélicos, por medio de los cuales, atentos a todo tipo de virtud y ornando nuestras cabezas con las insignias de la piedad, conseguimos el premio de nuestra vocación celestial. Rectos son realmente estos caminos, sin curva o perversidad alguna: los llamaríamos rectos y transitables. Está efectivamente escrito: La senda del justo es recta, tú allanas el sendero del justo. Pues la senda de la ley es áspera, serpentea entre símbolos y figuras y es de una intolerable dificultad. En cambio, el camino de los oráculos evangélicos es llano, sin absolutamente nada de áspero o escabroso.

San Cirilo de Alejandría, obispo

11. Jesús es clavado en la Cruz

11. Jesús es clavado en la Cruz

«Si queremos que Dios reine en nosotros, procuremos que de ningún modo el pecado siga dominando nuestro cuerpo mortal, antes bien, mortifiquemos todo lo terreno que hay en nosotros y fructifiquemos por el Espíritu; de este modo, Dios se paseará por nuestro Interior como por un paraíso espiritual y reinará en nosotros Èl solo con su Cristo, el cual se sentará en nosotros a la derecha de aquella virtud espiritual que deseamos alcanzar: se sentará hasta que todos sus enemigos que hay en nosotros sean puestos por estrado de sus pies, y sean reducidos a la nada en nosotros todos los principados, todos los poderes y todas las fuerzas.

Todo esto puede realizarse en cada uno de nosotros, y el último enemigo, la muerte, puede ser reducido a la nada, de modo que Cristo diga también en nosotros: ¿Dónde está, muerte, su victoria? ¿Dónde está, muerte, tu aguijón? Ya desde ahora este nuestro ser, corruptible, debe revestirse de santidad y de incorrupción, y este nuestro ser, mortal, debe revestirse de la inmortalidad del Padre, después de haber reducido a la nada el poder de la muerte, para que así, reinando Dios en nosotros, comencemos ya a disfrutar de los bienes de la regeneración y de la resurrección».

Orígenes, presbítero

12. Jesús muere en la Cruz

12. Jesús muere en la Cruz

«¡Qué felices somos los que en Dios hemos hallado a nuestro Padre! Creamos, pues, en Èl y prometámonos todo de su misericordia, porque es todopoderoso: por eso creemos en un solo Dios, Padre todopoderoso.

Que nadie diga: no me puede perdonar los pecados. ¿Cómo no va a poder el todopoderoso? Pero insistes: he pecado mucho. Y yo te replico: pero es todopoderoso. Y tú vuelves a la carga: He cometido tales pecados, que nunca podré ser liberado o purificado. Respondo: y sin embargo, él es todopoderoso.

En el Símbolo decimos también: en el perdón de los pecados. Si esto no se diese en la Iglesia, no habría ninguna esperanza. Si en la Iglesia no hubiera perdón de los pecados, no habría ninguna esperanza de vida futura y de eterna liberación. Damos gracias a Dios por haber otorgado a la Iglesia este don.

Todo el pasado que os perseguía será allí cancelado. Vuestros pecados eran semejantes a los egipcios que salieron en persecución de los israelitas: los persiguieron, pero hasta el mar Rojo. ¿Qué significa hasta el mar Rojo? Hasta la fuente bautismal consagrada por la Cruz y la sangre de Cristo. Pues lo que es rojo, enrojece. ¿No ves cómo enrojece la heredad de Cristo? Pregunta a los ojos de la fe. Si ves la Cruz, fíjate también en la sangre; si ves lo que cuelga, fíjate en lo que derramó. La lanza traspasó el costado de Cristo y manó nuestro precio. Por eso, el bautismo, es decir, el agua en que sois inmersos, va marcado con el signo de Cristo, y es como si atravesareis el mar Rojo. Vuestros pecados son vuestros enemigos: os siguen, pero hasta el mar.

Una vez que hayáis entrado, vosotros saldréis, pero ellos serán aniquilados: lo mismo que ocurrió con los israelitas: ellos caminaban a pie enjuto, mientras que a los egipcios los cubrió el agua. Y ¿qué dice la Escritura? Y ni uno solo se salvó. Sean muchos o pocos tus pecados, sean graves o leves: ni el más pequeño se salvó. Pero como quiera que nuestra victoria se sitúa en este mundo, en el que nadie puede vivir sin pecado, el perdón de los pecados no es exclusivo de la sola ablución bautismal, sino que está también vinculado a la oración dominical y cotidiana, que recibiréis a los ocho días. En ella encontraréis algo así como vuestro bautismo de cada día, para que podáis dar gracias a Dios, que otorgó a su Iglesia este don».

San Agustín

13. Jesús es bajado de la Cruz

13. Jesús es bajado de la Cruz

«En esta noche la muerte ha sido vencida, la Vida está viva, Cristo ha resucitado de entre los muertos. Antaño Moisés había dicho al pueblo, a propósito de esta Vida: «Sentirás que tu vida estará pendiente de un hilo, temblarás día y noche» (Dt 28, 6). Se trata allí de Cristo Señor, Èl mismo nos lo muestra en el Evangelio cuando dice: «Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida» (Jn 14,6). Se llama camino, porque conduce al Padre; verdad, porque condena la mentira; y vida, porque manda sobre la muerte: «¿Muerte, dónde está tu aguijón? ¿Muerte, dónde está tu victoria?» (1Co 15,55) Porque la muerte, que hasta ahora había vencido siempre, ha sido derrotada por la muerte de su vencedor. La Vida aceptó morir para derrotar a la muerte. Lo mismo que al amanecer las tinieblas desaparecen, así la muerte ha sido aniquilada cuando se levantó la Vida eterna…

He aquí pues el tiempo de Pascua. Antaño, Moisés habló al pueblo diciendo: «Este mes será para vosotros el primer mes del año» (Ex 12,2). El primer mes del año no es pues el del enero, donde todo estaba muerto, sino el tiempo de Pascua, dónde todo vuelve a la vida. Porque es ahora cuando la hierba de los prados, en cierto modo, resucita de la muerte, ahora que hay flores en los árboles, y que las vides brotan, ahora que el aire mismo parece feliz como si empezara un nuevo año… Este tiempo de Pascua es pues el primer mes, el tiempo nuevo, y en este día el género humano también es renovado. Porque hoy, en el mundo entero, pueblos innumerables resucitan por el agua del bautismo a una vida nueva…»

San Cromacio de Aquileya

14. Jesús es colocado en el sepulcro

14. Jesús es colocado en el sepulcro
14. Jesús es colocado en el sepulcro

«Lo que hay que considerar en estos hechos es la intensidad del amor que ardía en el corazón de María Magdalena, que no se apartaba del sepulcro, aunque los discípulos se habían marchado de allí. Buscaba al que no había hallado, lo buscaba llorando y, encendida en el fuego de su amor, ardía en deseos de aquel a quien pensaba que se lo habían llevado. Por esto, ella fue la única en verlo entonces, porque se había quedado buscándolo, pues lo que da fuerza a las buenas obras es la perseverancia en ellas, tal como afirma la voz de aquel que es la Verdad en persona: El que persevere hasta el final se salvará.

Primero lo buscó, sin encontrarlo; perseveró luego en la búsqueda, y así fue como lo encontró; con la dilación, iba aumentando su deseo, y este deseo aumentado le valió hallar lo que buscaba. Los santos deseos, en efecto, aumentan con la dilación. Si la dilación los enfría es porque no son o no eran verdaderos deseos. Todo aquel que ha sido capaz de llegar a la verdad es porque ha sentido la fuerza de este amor. Por esto dice David: Mi alma tiene sed de Dios vivo: ¿cuándo entraré a ver el rostro de Dios? Idénticos sentimientos expresa la Iglesia cuando dice, en el Cantar de los cantares: Estoy enferma de amor; y también: Mi alma se derrite».

San Gregorio Magno, Papa

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Especial realizado por:

Redacción: Álex Navajas. Diseño: David Díaz.