La ‘anomalía catalana’ divide en dos la manifestación del 1 de Mayo en Barcelona

Varios miles de asistentes a la manifestación del Primero de Mayo en Barcelona evidencian una verdad incontrovertible desarrollada durante las últimas décadas: el divorcio entre sindicatos y ciudadanos. Hace años, Barcelona era la capital de las movilizaciones de trabajadores el 1 de mayo. Cientos de miles de asistentes a las manifestaciones se han convertido en un puñado que apenas alcanza a unos pocos miles (30.000 según los organizadores). La politización de los sindicatos terminó por pasar factura a las grandes centrales, que ahora están en entredicho.

Por eso necesitan reconciliarse con los trabajadores. El primer paso fue el destierro de los eslóganes políticos. Por primera vez desde hace mucho tiempo, en una manifestación masiva barcelonesa priman las pancartas sindicales antes que las políticas. Lo cierto es que, tras años secundando las marchas proindependencia, los sindicatos mayoritarios están retomando sus viejos eslóganes, preocupados por las bajas -a veces masivas- de los militantes. Lo que nadie sabe es si ya es tarde para eso y el proceso jibarizante de su afiliación continuará en los próximos meses.

Pero este Primero de Mayo es el escenario ideal para comprender que existe una ‘anomalía catalana’ que diferencia a esta comunidad del resto de comunidades. Por eso, en este martes tan significativo, están convocadas dos manifestaciones muy concretas: una puramente sindical, la ‘tradicional’, por la mañana, apoyada por CCOOUGT y a la que asisten la gran mayoría de fuerzas parlamentarias; y otra más política por la tarde, apoyada por el mundo soberanista en pleno. Jamás se había producido una situación similar. La situación no deja de ser un experimento, un buen termómetro para sondear un paso más en el ‘procés’ y asaltar definitivamente el mundo sindical: una respuesta multitudinaria de la protesta separatista será el comienzo del fin de la paz sindical. Es más: será el inicio de una sórdida guerra laboral para convertir a los actores sociales y sindicales en el próximo instrumento del independentismo, en la punta de lanza del nuevo ‘procés’ que se ha estado diseñando los últimos meses. Porque, ‘quemado’ el mundo político y su entorno, el mundo sindical puede ser el relevo de la movilización en la calle y las fábricas (u oficinas). Y no hay que perder de vista el hecho de que el mundo independentista (desde partidos a entidades o incluso empresas) ya promociona sus sindicatos ‘de país’ en detrimento de los generalistas como CCOO y UGT, de los que no se fían en absoluto porque tienen a sus hermanos mayores en España. Si la jugada les sale bien, tendrán hechos los cimientos sindicales de una nueva época en el ‘procés’. Y podrán dar portazo a las grandes centrales.

En realidad, el soberanismo tiene una estrategia perversa: su objetivo es impregnar todos los recovecos de las relaciones sociales, laborales o sindicales. Hasta ahora, ese objetivo ha sido cumplido con éxito, puesto que supieron atraerse a UGT y CCOO. Los grandes sindicatos acudieron siempre a las llamadas desde los gobiernos separatistas y de las entidades netamente soberanistas, negándose a participar en otras convocatorias –que también pedían diálogo- de corte constitucionalista. Ese error ha supuesto para los sindicatos estatales una importante y peligrosa fuga de afiliados, descontentos con la politización de estas organizaciones. En la manifestación de la tarde, CCOO y UGT excusaron su ausencia: lógico, porque ya bastante trabajo tenían con organizar la manifestación de la mañana. En realidad, les sentó a cuerno quemado que los ‘indepes’ vayan por su cuenta y riesgo y convoquen a su libre albedrío sin consultárselo, máxime cuando los sindicatos mayoritarios siempre han acudido a golpe de silbato cuando se les ha requerido desde el mundo soberanista.

Representación de partidos

Pero también es verdad que desde el sector independentista se considera que de este modo no se distorsiona el cariz netamente sindicalista y laboral de la protesta convocada por UGT y CCOO. Porque los eslóganes de la manifestación de la mañana tenían como característica la ausencia de llamamientos netamente políticos. La pancarta de cabeza de Barcelona ya era una declaración de intenciones: ‘Igualdad + empleo + salarios + pensiones. Ahora nos toca a nosotros’. En el último momento, y como consecuencia del shock social, se antepuso una pancarta improvisada que hacía referencia a la sentencia de La Manada: ‘No es abuso. Es violación. #NoEsNo‘, rezaba esta pancarta, de rabiosa actualidad. El clamor feminista, por las pensiones, en contra de la precariedad laboral y por la igualdad de derechos… todo ello fue el eje central de las reivindicaciones

Acudieron a la manifestación representantes de la mayoría de partidos políticos catalanes. De hecho, allí estaban los que van cada año, excepto, en esta ocasión, Ciudadanos, que brillaba por su ausencia. Estaban, sin embargo, los republicanos Pere AragonèsGabriel RufiánJoan Tardà o Alfred Bosch, el diputado de JxCat Antoni Morral, los socialistas Miquel IcetaSalvador IllaEsther Niubó y Jordi Terrades o el podemita Xavier Domènech (recién estrenado como líder de Podemos en Cataluña). Y no faltaba el vicepresidente de Òmnium Cultural, Marcel Mauri, o representantes de la Asamblea Nacional Catalana (ANC).

Aragonès, que oficia como nuevo líder de ERC mientras Oriol Junqueras esté encarcelado, advirtió que su partido se manifestaba «por la defensa de una salida digna de la crisis, por la mejora de las condiciones de trabajo, la mejora de los salarios y la reducción de la brecha salarial entre hombres y mujeres». Aprovechó, no obstante, para reivindicar los derechos cívicos y políticos y reclamar la libertad de los encarcelados por el 1-O y el retorno de «las personas que se encuentran exiliadas».

El socialista Miquel Iceta, en cambio, destacó exclusivamente las reivindicaciones laborales y sindicales de la jornada, subrayando que es preciso «dar un mensaje de esperanza a la gente más joven que busca oportunidades y no las encuentra».

«O hay reparto o conflicto»

También muy sindicales fueron los discursos de los secretarios generales de CCOO y UGT. Javier Pacheco (CCOO) aseguró que este 1 de mayo «es un punto de inflexión en la intensidad de la movilización de la gente trabajadora de este país». El líder de Comisiones aseguró que «o hay reparto o hay conflicto» y advirtió de que su organización seguirá apoyando todas las protestas sociales que se le presenten, ya sea a favor de la libertad de presos o de las reivindicaciones feministas. «Si no estuviéramos en todos aquellos escenarios en que se defiende la libertad, la proporcionalidad judicial, al separación de poderes, un marco de participación democrática, los derechos de expresión y de manifestación, si no estuviésemos ahí, estaríamos reduciendo nuestra capacidad de actuación».

Camil Ros (UGT), por su parte, alertó de que la clase trabajadora tiene más cosas que la unen que cosas que la separan y sentenció que el 1 de mayo «es una suma de luchas sociales y laborales para construir una sociedad mejor». Pidió diálogo, consenso y que se forme pronto un Gobierno en Cataluña. Reconoció, eso sí, que los sindicatos reciben ahora críticas por sus posicionamientos, pero aseguró que las centrales han hecho «lo que tenían que hacer. Era el camino a seguir: en Cataluña es de diálogo, puentes, unidad y suma«.

Pero la ‘anomalía catalana’ se refleja perfectamente en la manifestación del Primer de Mayo convocada exclusivamente por los independentistas para la tarde de este martes. La convocatoria parte de la ANC, del sindicato Intersindical y de Universitats per la República y está apoyada por Òmnium. El PDeCAT, ERC y la CUP. En ella se vierten las consignas más políticas de la jornada adornadas con reivindicaciones netamente laborales: jornada de 35 horas, salario mínimo de 1.200 euros, fin de los recortes en sanidad, educación y servicios sociales, blindaje de la renta garantizada y una mayor conciliación entre vida laboral y familiar.

Pero ello no quita que el peso de la protesta será la denuncia de la aplicación del artículo 155 y la «ofensiva del Estado» contra el independentismo, lo que ha provocado el encarcelamiento de unos políticos y el ‘exilio’ de otros.