Un Barça humillado dimite en París

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Vuelve la Champions, vuelve lo mejor del año después de la trufa blanca. El torneo de todos los torneos, la competición por excelencia regresó ayer como una promesa de felicidad para todos los aficionados al fútbol, pase lo que pase.

Líneas altísimas de presión en el Barça, que empezó estirándose pero impreciso con el balón. También el PSG presionaba arriba y también quería salir jugando. Lo dijo Luis Enrique el lunes: «Emery sabe cómo hacernos daño». Ter Stegen supo salir magníficamente cuando Matuidi y Cavani cabalgaban solos hacia su área: y no sólo desbarató el ataque, que de culminarse habría acabado en gol salvo error monumental, sino que pudo jugar con acierto el balón. En las dos jugadas siguientes fue Sergi Roberto quien aguantó primero a Cavani y luego a Draxler. El PSG atacaba con intensidad y alegría y casi todo el partido se jugaba en el campo del Barça.CHAMPIONS LEAGUE

Matuidi en el 10 vio como una mano soberbia de Ter Stegen -otro recital del portero alemán- le negaba un gol cantado. El rebote lo aprovecho Rabiot para volver a chutar y otra vez paró Ter Stegen, bien colocado. Agobio francés, agonía azulgrana. Inédito Iniesta en el primer cuarto de hora: mala señal para el Barça. Y lo que el PSG no conseguía, de milagro, con sus buenas jugadas, lo consiguió a balón parado Di María, chutando con suavidad una falta de Umtiti -el árbitro le perdonó la amarilla- desde el límite del área. Merecido premio para tan boyante superioridad local.

El Barça empezó a reaccionar y en el 27 una notable transición de Neymar acabó en los pies de André Gomes, que con todo a favor no supo superar al portero Trapp. El PSG retrocedía, sin la energía del comienzo, e Iniesta, Neymar y Messi comenzaban a hacerse con el balón. Ataques más largos e incisivos, aunque no tan peligrosos como los anteriores del PSG, que en el 33 volvió a la carga con Draxler y otra vez una buenísima mano de Ter Stegen evitó el gol.

A los franceses les costaba salir pero el Barça banalizaba sus posesiones sin crear ocasiones. Y en el 39 Messi perdió un balón en zona peligrosa y propició la jugada que acabó con el 2 a 0, obra de Draxler. Pese a la leve mejoría culé a partir de la media hora, el resultado reflejaba lo que dio de sí la primera parte.

El Barcelona está mejor de lo que estaba en diciembre, pero sin el instrumento afinado y eso en Europa puede resultar catastrófico. A los de Luis Enrique les bastaba un gol para maquillar el resultado, pero fue su peor primera parte en mucho tiempo en la Champions.

La segunda parte empezó igual que la primera, con el Barça perdiendo un balón y el PSG dándolo todo por recuperarlo y jugarlo. Todos los balones disputados para los locales. El Barça con las líneas muy separadas y en el minuto 50 todavía no había pasado de medio campo. Busquets se añadía al naufragio perdiendo otro balón incomprensible. No es que el Barça perdiera, es que no llegaba ni a competir: sus pocos ataques eran llanos, sin encontrar entre líneas a Messi, bien tapado por Rabiot. Kimpembe sensacional con sus 21 años, pletórico en la contención y el repliegue, lo mismo que Meunier y Verratti. Y en el 54 Di María de un gran disparo le hizo al Barça lo que se merecía, que fue marcarle el tercero. Un Barcelona desconocido, empequeñecido y sin ninguna idea, estaba siendo humillado en París. André Gomes fue sustituido por Rafinha -que compareció con una máscara tan grotesca como el juego de su equipo- y Di María por Lucas Moura. El PSG jugaba al 300 por ciento y un Barça hundido apenas daba brazadas. Parecía más cerca el 4 a 0 que el 1 a 3. Verratti,lesionado o agotado, pidió el cambio. Y Cavani en el 76, tras una carrera memorable se Meunier, remató el partido y la eliminatoria. El Barça parecía un saco, sin capacidad de reacción, ni orgullo ni dignidad, regresado a los años previos a Ronaldinho. Los de Emery firmaban su página más brillante a costa de un rival que nunca dio la sensación de haber regresado del descanso.

Fue algo más que una derrota: fue una dimisión. Dolió la derrota pero sobre todo cómo se cayó. Sólo Neymar intentaba algo. Peor que el resultado fue la actitud, la pasividad, como si una época se hubiera acabado y los zares contemplaran sentados, cabizbajos y seguros de que sólo la muerte les aguarda, cómo las hordas les saquean el palacio.

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